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[…] se gobiernan con un nuevo método; han elegido un capitán general y a éste reconocen los antiguos enemigos pimas y los nuevamente alzados. Los integrantes nuevos son presenta2 al capitán y es quien les asigna la ranchería donde deben vivir, después los convence a no sentir lástima por los bienes que abandona, que con hacer flechas con buenos pedernales podrá tener los reales para adquirir vacas, caballos y ropa con que vestirse, dicho capitán se llama, añade Pineda, Tiembla la 37 Tierra. En instrucciones dadas a Elizondo, se percibe la idea que el asunto de la pacificación debería concluir lo más rápido posible, así lo indicaban la cantidad de armamento, el número de personal asignado a la campaña y la instrucción de exterminio a los rebeldes, al grado que se ofrecieron gratificaciones a indios pacíficos de dos o tres pesos por cada indio rebelde que mataran, incluyendo el reconocimiento de cacique de por vida, si el indio muerto resultara ser cabecilla. En las órdenes figuraba también el respetar a los indios convertidos que vivieran en paz y aquellos rebeldes que se rindieran sin ofrecer 38 resistencia. A la llegada de Gálvez a Sonora en 1769, enterado de que la campaña se había complicado se dio a la tarea de acelerar el proceso de la contienda, informando a todos aquellos indios rebeldes que se rindieran antes de cuarenta días y de no ser así, se les atacaría sin misericordia hasta exterminarlos. Las campañas en el “Cerro Prieto” se intensificaron sin obtener los resultados esperados, posteriormente algunos indios convinieron con el 39 Visitador, mientras que otros se dispersaron por los montes para evitar la confrontación. Las tropas se retiraron en mayo del 1771, con la firme convicción de haber pacificado a los indios, pero más tardaron los soldados en salir de las provincias, que los apaches incursionaran en el saqueo de los pueblos y los indios se rebelaran a las autoridades reales y eclesiásticas. Las diferentes acciones encauzadas por De Croix, Gálvez y Aranda, como la expulsión de los jesuitas y la campaña de pacificación de los indios exmisionales, seris y apaches estaban destinadas a allanar el camino a la conformación de un nuevo orden social, 37 Ibíd., 146. 38 Del Río, “El Noroeste novohispano”…, 277. 39 Ibíd., 278.

