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que elabora una parábola romántica, costumbrista, indianista y simbólica de lo que para él, debe ser el futuro. El segundo apartado de este último capítulo da cuenta de la gente de Huevo Zaino. Estos indios “viven aislados del mundo y el fanatismo cobra en ellos relieves de credo” (p.268) Los isleños padecen hambre y sed y penan de pestilencias. Las chozas de Bahía Kino han sido sustituidas por madrigueras; la incuria y la indolencia toman a los hombres y los hacen tristes y desprovistos. Las costumbres declinan [...] La miseria relaja los corazones y borra el decoro [...] el alcoholismo hace presa de todo el conjunto [...] ya ebrios e irredentos, los hombres dan al traste con las últimas reservas de dignidad: los celosos maridos o puntillosos cuñados de antaño no se detienen ahora en vender el trato de sus mujeres [...] por mendrugos, harapos o viles monedas que les arroja sobre la arena la canalla mestiza que trafica con ellos [...] nada ni nadie norma la vida colectiva y la tribu deja de serlo, para transformarse en un puñado de mendigos rapaces e incontinentes [...] una plaga para los pobladores circunvecinos (pp. 268-269) En este fragmento concluye con un claro etnocentrismo y desacredita a la tribu que evita subyugarse a costumbres ajenas a las propias. Estas palabras parecen eco de lo que propone el discurso oficial que se ha venido trabajando, pero queda claramente explícito en el siguiente fragmento: El gobierno de Sonora concede a los paupérrimos una cuota de comestibles y ropajes. [...] Aceptan acogotados por las privaciones, someterse a lo que suponen una humillación. Los adultos ceden a recibir el auxilio que el yori les ofrece, pero jamás admitirán que sobre sus hijos pese el baldón...Entonces se transforman en un pueblo suicida: los más fanáticos mutilan los vientres de las mujeres hasta dejarlos ineptos para la maternidad; los más tímidos se comprometen al uso de crueles medidas antinativistas...pero no para ahí el afán colectivo de fuga; se revive y aplica a los ancianos, a los inútiles y a los débiles la olvidada pena de muerte (pp. 269- 270) En el tercer segmento de este último capítulo, se narra la satisfacción que siente Lola por el nuevo pueblo fundado por la dinastía de los Coyote-Iguana, vienen a su memoria viejos recuerdos, como el día que empezaron la 208
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