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Al día siguiente su pueblo emprende la marcha tierra adentro hasta llegar a un punto donde se encuentra un pozo de agua. Ahí dice el siguiente discurso a la gente que la sigue: Sobre este suelo pobre, bajo este cielo triste, los Kunkaaks, juntos por el recuerdo del jefe que se fue, haremos un pueblo de hombres buenos. La tristeza del lugar hará que las cabezas trabajen igual que los brazos. Poco esperaremos ya de la mar dadivosa y no confiaremos en los regalos de la sierra. Ahora arrancaremos el sustento a la abuela que pisamos...después los Kunkaaks, con nuestro esfuerzo seremos iguales al yori; haremos pueblos como Guaymas y como Pitic...pongamos el trabajo y la tristeza de hoy en el bien de mañana. Mientras más luchemos, mayor y mejor será lo que reciban nuestros hijos. Los hombres ayudarán en la obra con la valentía que han puesto en la guerra; las matronas y los ancianos, con el pensamiento que se mueva en sus cabezas. Guardaremos el pescado seco para los días que el mar nos lo niegue; recurriremos a la lumbre, amiga de los hombres, para dar a los alimentos sabor y blandura; sabremos conservar la fruta, para recibir, a su tiempo, el regalo del pitahayo y del mezquite. Aprenderemos a sembrar, para gustar y gozar de la cosecha (pp.262-263) Y luego, poniendo el ejemplo empieza a escarbar, la secunda Totoaba y luego algunos hombres. Su gente la sigue día tras día. El narrador comenta que “las circunstancias traen a la mente de un anciano el recuerdo de Misión Felipe” y entonces empieza a trabajar como lo enseñó el padre Trueba. Buscan un nombre digno para el lugar y lo nombran “Pozo Coyote”. ● “Lola” El último capítulo cuenta con nueve páginas y está dividida en tres partes: la primera y la última hablan de Pozo Coyote mientras que la segunda trata de los habitantes de la Isla Tiburón. En el primer apartado de este último segmento se ve Pozo Coyote como un pueblo utópico y mestizo. Cito la descripción de dicho pueblo por 206

