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Los informes rendidos por ambos capitanes llegaron a manos del coronel Domingo Elizondo, quien a su vez pasó el dictamen a José de Gálvez, visitador general de la Nueva España, señalando la falta de salud e inutilidad por parte de Elías González. Como resultado, Gálvez ordenó a Elías que entregara el cargo a José Antonio de Vildósola, a quien nombraba capitán vitalicio (Ibid). Francisco Elías entregó el mando del presidio a José Antonio, a finales de 1770. No obstante, ese mismo año Elías escribió al virrey señalando que él estaba “robusto, bueno y sano” (Elías 2008, 55). Esta declaración puede haber sido cierta, pues aunque por problemas de salud había estado incapacitado para participar en la expedición de Sonora, después de su destitución vivó durante veinte años más (Garate 2003b, 23). Por otra parte, el ascenso militar de José Antonio puede ser explicado a través de las redes de parentesco, y por lo tanto, es necesario hacer una breve mención de sus antecedentes. En 1767, José Antonio de Vildósola había participado en la expedición de Sonora, en la que combatió a los Seris en Cerro Prieto, al mando de una compañía de caballería por más de tres años. Durante la expedición de Sonora, José Antonio y Juan Bautista de Anza combatieron juntos (Herrera 2006, 215). Juan Bautista era tío de María Rosa Tato y Anza, esposa de José Antonio (Ibid, 205). Además, José Antonio era sobrino de Gabriel Antonio de Vildósola, capitán del presidio de Fronteras (Hausberger 2007, 756- 757). Por lo tanto, se puede apreciar el impacto que tuvieron los informes que Juan Bautista y Gabriel Antonio dieron al gobernador Pineda sobre la salud y el desempeño de Francisco Elías González; y se puede suponer que iban encaminados a impulsar la carrera de José Antonio. 128
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