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Al entrar los vascos en contacto con el resto del territorio español, fueron tomando conciencia de su etnicidad (Hausberger 2011, 82 y 83), y parecen haber desarrollado ideas protorracistas (Ibid, 77 y 78), pues se creían étnicamente distintos e incluso superiores a los demás pueblos españoles, ya que se consideraban de raza pura y argumentaban no haber sido influenciados por los distintos grupos extranjeros que conquistaron el territorio español a lo largo del tiempo (Ibid, 91). De aquí se puede explicar el hecho de que los vascos utilizaran las limpiezas de sangre para “constituirse a sí mismos como minoría privilegiada” (Ibid, 77). Sin embargo, es posible que esta pretensión se fortaleciera por ser el euskera una lengua totalmente distinta al resto de los idiomas hablados en la península ibérica. Xabier Lamikiz incluso señala que el euskera “es el único idioma antiguo de Europa Occidental que ha sobrevivido hasta el presente”. Además menciona que su estructura es “inusual” y por lo tanto no parece tener relación con ninguna otra lengua, por lo cual, esta característica del lenguaje vascongado ha provocado “curiosidad y especulación” (Lamikiz 2010, 29). Aparentemente, esta especulación fue empleada por los vascos para sustentar su supuesta superioridad basándose en mitologías elaboradas parcialmente de historias bíblicas. En este sentido tenían la creencia de que el vascuence o euskera era “uno de los 72 idiomas creados en la confusión de las lenguas de Babilonia” (Hausberger 2011, 90). Por lo tanto argumentaban que su idioma era una de las lenguas que Dios había impuesto a la humanidad, tras el intento fallido de la construcción de la torre de Babel (Ibid). También eran de la creencia que ese idioma había sido introducido en España por “Tubal, el nieto de Noe e hijo de Jafet, quien migró desde Armenia” (Ibid, 88). 73

