Page 15 - RED001110
P. 15
cultural radica en que propone una manera inédita de comprender las relaciones sociales, al
oponer a la descripción objetivista su interiorización compleja, analizada a través de los
lenguajes, las prácticas y las representaciones. De forma gradual los historiadores
3
culturales abordaron una serie de investigaciones en las que cobraron importancia
categorías como la escenificación, la identidad, la tradición, la cultura política, entre otras
(Burke 2006, 85-122 passim).
En el contexto intelectual brevemente esbozado, paulatinamente se desarrolló la
denominada nueva historia política, la cual criticó la visión de la historia política tradicional
-que se concentraba en la historia de las grandes batallas y de los grandes personajes- para
pasar a analizar los acontecimientos y procesos políticos desde una perspectiva más social y
cultural, al considerar que el ejercicio del poder es una relación entre los que dirigen y los
dirigidos, la cual no se puede sostener de manera vertical, durante mucho tiempo, sino que
requiere de pactos y negociaciones mediados por aspectos culturales que involucran a los
de abajo (De los Arcos 1992, 47, 57). Esta visión permitió rebasar la concepción de lo
político como sinónimo de sistema de gobierno, para considerarlo como el proceso dónde
converge el discurso y la acción de hombres y mujeres para dotar de sentido y legitimidad a
4
su comunidad. En vista de lo anterior, la nueva historia política aporta un enfoque para
indagar las acciones de los diferentes sujetos y grupos que nacen y se desarrollan en el
escenario político, el cual será retomado en esta investigación (Carmagnani 2007, 31).
3 En la revista Relaciones (2003) se publican varios trabajos recientes en los que se reflexiona acerca del concepto
representaciones, tanto de la vertiente de Roger Chartier como de Serge Moscovici.
4 Hablar de lo político “es hablar del poder y de la ley, del estado y de la nación, de la igualdad y de la justicia, de la
identidad y de la diferencia, de la ciudadanía y de la civilidad, en suma, de todo aquello que constituye a la polis más allá
del campo inmediato de la competencia partidaria por el ejercicio del poder, de la acción gubernamental del día a día y de
la vida ordinaria de las instituciones, […] y esta cuestión adquiere la mayor importancia en las sociedades democráticas”
(Rosanvallon, 2002, 12, 15, 19).
11

