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designado por un consejo y tendría gestión jurídica. Este tipo de delegación posteriormente
se presentaría en la práctica de los pronunciamientos cuando, incorpora un líder con rango
militar al que los pueblos conferían el apoyo para que los representara. (ibíd. 8,13).
Por su parte, Françoise-Xavier Guerra, describe el pronunciamiento como una
práctica que tiene antecedentes doctrinales del antiguo régimen, relacionados con la
expresión del pueblo soberano cuando exige renovar un pacto tradicional entre gobernantes
y gobernados que considera roto. Basándose en un reducido número de actas y planes, lo
estima como una de las prácticas decimonónicas más importantes porque originó la
mayoría de los cambios institucionales de ese siglo en España y México (2000, 16-26).
17
Para reforzar su hipótesis, Guerra desarrolló el primer esquema interpretativo del
pronunciamiento mexicano. Destaca el hecho de que observa el pronunciamiento como una
práctica cultural, supone que el lenguaje plasmado en los planes militares y las actas de
adhesión o rechazo remitía a cuerpos políticos escalonados por rango de importancia entre
los que se efectúa un pacto. Propone un modelo para la práctica del pronunciamiento: un
grupo de jefes militares redacta un acta que contiene los principios e iniciativas que exigen
modificar el orden político y el posterior llamado a la nación para que apoyaran la causa, lo
cual ocurría a través de actas de adhesión de los cuerpos políticos (1994, 41, 46; 2000, 16-
26).
Tanto Antonio Annino como Françoise-Xavier Guerra coinciden en que el
pronunciamiento no es golpe de estado cuando efectúan consenso público y por conducto
de un plan extra constitucional asignan un líder o caudillo para representar los intereses de
17 La práctica en conjunto del pronunciamiento y los alzamientos civiles -en sus distintas denominaciones como
movimientos armados-, para acceder al poder gubernamental español durante el siglo son el tema central de los libros de
José Cepeda Gómez, “Los pronunciamientos en la España del Siglo XIX.” (1999); y de Gregorio De la Fuente Monge.
Los revolucionarios de 1868: elites y poder en la España liberal (2000).
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