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identifica como miembro de la logia yorkina, compuesta por “gente canalla” que promovía

                  las rebeliones (1845, 5, 11, 75; 2003, t.26, 31 y 32).


                         Esta visión persiste en la biografía de José Urrea que hace Francisco R. Almada en

                  su diccionario, donde lo describe como un conspirador rebelde, de carácter “bravucón” que


                  movido por la ambición aprovecha el deseo  autonomista en Sonora para lanzar el

                  pronunciamiento de Arizpe. En su balance de la rebelión federalista y la primera etapa del


                  conflicto que sostuvo con Manuel María Gándara, refiere a sus aliados como adictos que

                  utilizaron la imprenta para vindicar una “guerra de bárbaros” en la que se recurrió al saqueo

                  e incendio. Respecto a la incursión de Urrea como jefe de las tropas federalistas de


                  Tampico en 1839, interpreta de antipatriótico el acercamiento que sostuvo con las tropas

                  francesas y califica como un “golpe de mano” su participación en la toma de palacio


                  nacional en 1840 dónde involucró a civiles en una lucha que abandonó al ver perdida. Para

                  Francisco Almada, el general Urrea se aparta del ideal federalista cuando se le entregan los


                  mandos de Sonora en 1842, dónde su gestión impositiva y la rivalidad con la familia

                  Gándara y aliados, provocó de nuevo una guerra civil en la que no se buscaba el interés


                  material ni político, sino la venganza, porque sus protagonistas eran “execrables” (1983,

                  571-577, 710-712).


                         Entre los trabajos recientes sobre José Urrea y los pronunciamientos como parte de

                  las disputas de los grupos locales de poder, se localizan principalmente ponencias. Para

                  Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva en el encabezado por José Urrea en Arizpe se


                  fusionaron intereses de la oligarquía sonorenses y de los grupos políticos nacionales que

                  buscaban consolidar y expandir su control político y económico (1990, 277, 286). Al


                  respecto, Rubén Salmerón considera que los pronunciamientos federalistas eran parte de un

                  movimiento gestado por integrantes de la logia yorkina en ciudad de México, en protesta a


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