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20 Desde su inicio, la IME estuvo conformada por filiales de empresas extranjeras que se vieron beneficiadas a través de un régimen de exención fiscal para la importación de 21 insumos, de mano de obra disponible y de otros incentivos para la inversión (Villavicencio, 2006). De acuerdo con lo que señala Patricia Wison (1996), el desarrollo de la industria maquiladora en México se compone de dos fases: 22 La primera va desde 1965 hasta 1982. Según esta autora, las primeras maquiladoras construyeron la imagen que actualmente se tiene de la industria como 23 fábricas explotadoras que se aprovechan de obreras jóvenes. Fue en el sexenio de Luis Echeverría (1970-1976) cuando se estableció una ley federal del trabajo (1970); se otorgaron prestaciones laborales importantes a los trabajadores de las maquiladoras: vacaciones pagadas obligatorias; aguinaldo; programas de capacitación y de recreación obligatorios; prestaciones por jubilación, cesantía y defunción pagadas por el patrón. 20 Bustamante (1989) explica que los primeros inversionistas extranjeros que instalaron maquiladoras en ciudades de la frontera norte de México, estaban obligados por la ley, a que su participación en el capital social de la empresa no excediera el 49 por ciento de las acciones. En 1971, se dictó un decreto que modificó esta situación: ahora el capital social de la empresa maquiladora podía ser 100 por ciento de origen extranjero (Bustamante 1989, 98). 21 Sklair y Pineda (1992) señalan que hasta los años setenta la inversión extranjera se enfocaba a productos como automóviles y textiles; y la inversión en los años ochenta estuvo más dirigida a las industrias de ensamblado orientadas al procesamiento de exportaciones como la electrónica, maquinaria, refacciones para automóviles, prendas de vestir y artículos deportivos (Sklair y Pineda 1992, 164). 22 En 1965, en la zona fronteriza de México, se habían instalado 12 empresas maquiladoras que daban empleo a 3 087 trabajadores; para 1971, el número de maquiladoras era de 209 y empleaban a 29 mil trabajadores; y en 1974, el número de maquilas se elevó a 516 con 56 253 empleados (Bustamante 1989, 99). 23 De acuerdo con lo que señala Cockcroft, los trabajadores mexicanos recibían salarios mucho menores que los pagados a trabajadores estadunidenses en las mismas industrias, trabajaban jornadas más largas y producían más por hora con mayores riesgos para su salud. De las empleadas por las 500 plantas establecidas en la zona fronteriza entre 1965 y 1975, la mayoría (el 85 %) eran mujeres solteras mal pagadas de entre dieciséis y veintitrés años de edad (Cockcroft 2001, 204). 53

