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77 interesados con el abanico de textos con los que está discutiendo, criticando, comentando, o haciendo cualquier otra cosa. (Skinner 2007c, 51) Para llegar a un contexto lingüístico amplio es indispensable el ejercicio inter- textual, pero este debe ser cuidadoso para la construcción de un contexto intelectual. Se debe seleccionar textos cercanos al autor que él haya leído, que discutieron asuntos que el autor también trató, que aguardan la ideología y juegos del lenguaje convencionales que se comprendían en aquella época. Skinner busca un contexto explicativo en donde se aborden los problemas morales y políticos más sobresalientes en el debate público de la época. Un contexto de cuestiones, menciona el mismo Skinner, donde se pueda decir que incluso los más grandes textos de teoría moral han intentado dar soluciones y respuestas (Skinner 2006, 240-241). El contextualismo de la nueva historia intelectual anglosajona es un contextualismo de acción, de práctica, de discusión, no de teoría especulativa, sino de propuestas y de ideas que intentaban dar solución a problemas políticos de su tiempo. De esta forma, la historia del pensamiento político para Skinner, es el rescate y dilucidación de las intenciones y recursos intelectuales que el autor y su medio intelectual, aplicaron para pretender remediar las cuestiones primordiales que dominaban en su tiempo. Un rescate que sólo puede apreciarse con la dilucidación del vocabulario histórico: Podemos empezar a ver no sólo los argumentos que estaban presentando, sino también las preguntas que estaban enfocando y tratando de resolver, y hasta qué punto estaban aceptando y apoyando, o cuestionando y repudiando, y quizás polémicamente desdeñando, las suposiciones y convenciones prevalecientes en el debate político. No podremos esperar alcanzar este nivel de entendimiento si sólo estudiamos los propios textos. Para verlos como respuestas a preguntas específicas, necesitamos saber algo acerca de la sociedad en que fueron escritos. Y para reconocer la dirección exacta y la fuerza de sus argumentos, necesitamos cierta apreciación del vocabulario político general de la época (Skinner 1993, 1:11).

