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73 intención original del autor y que pueden provocar una progresión de interpretaciones completamente desviadas de su origen veraz. El interpretar o entender un texto de forma distante y diferente a como el autor pretendió que fuera interpretada, abre un panorama riesgoso de discusión que perturba la historicidad del trabajo intelectual de un autor y sirve para otros propósitos. Skinner no está en contra de retomar enseñanzas que los intelectuales clásicos produjeron en su momento, siempre y cuando sea de una manera cuidadosa e invariablemente con la conciencia de que ese pensamiento fue para otro tipo de problemática con especificades únicas y diferentes. Lo que Skinner rechaza concretamente es el uso de justificación ideológica que se le da al status actual de la política usando a los autores clásicos como voceros de autoridad para el entendimiento y solución de los problemas políticos. Skinner no se enfoca en las posibles tesis teóricas de los textos, sino en el uso preciso del contexto, en la fuerza ilocucionaria del autor. Siguiendo a Austin, Skinner asume que para llegar al significado íntegro de un texto, es necesario entender lo que el autor estaba haciendo al escribir su texto, es decir la fuerza de los argumentos del autor. (Tully 1989, 8-9). La teoría política, para Skinner, responde a problemas políticos de su época. (Tully 1989, 10). La nueva historia intelectual de Cambridge, no es una escuela en pro de la teoría general, sino de la acción contextualista, del uso histórico de las palabras. Descifrar contextualmente el origen epistemológico y el motivo de acción por el cuál fueron planteadas o creadas ideas y textos de autores es la tarea historiográfica esencial de esta escuela anglosajona. Para Skinner, cada palabra, frase o texto de cada autor corresponde a un motivo e intención determinado.

