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y enviarlo vía “memorias” (lista de necesidades solicitadas o enviadas) a los pueblos de la Pimería Alta. Además hemos visto ya en la misión de Cocóspera que de los saldos que quedaban, se distribuían de manera equitativa entre las ocho misiones para ayudarse a completar el pago de las memorias solicitadas al Síndico general don José González Calderón. 219 Los excedentes de las cosechas de una misión debían ser intercambiadas o vendidas por mayoreo, para evitar que las misiones funcionaran como una empresa y vieran por el aumento de sus bienes, distrayendo el tiempo de atención a los indios que tenían a su cargo, incluso se corría el riesgo de que se gravaran impuestos a los indios por el producto de su trabajo y los gentiles perdieran interés en vivir en la misión. Por otro lado, los franciscanos podían ser acusados de comerciantes como lo habían hecho con los jesuitas. 220 Respecto a las prohibiciones mencionadas en párrafos anteriores, los documentos aportan datos donde los misioneros hicieron tratos o acuerdos de trabajo con los vecinos y españoles de la región, como los casos de las misiones del Sáric y Caborca que lograron tener entradas de dinero o intercambio de temporalidades en especie, con la renta de mano de obra especializada de los indios, pero también los bienes de la misión son intercambiados por el misionero con los vecinos para sastifacer necesidades de los pueblos. El padre Pedro de la Mata, hizo tratos con un español radicado en la Ciénega, para que le tejiera algunas fresadas de lana. El padre Florencio quien tenía un telar en Sáric, se ofreció para tejer las fresadas al padre de Caborca, por el mismo precio e igual calidad. Los misioneros, de nueva cuenta ponen a la misión como empresas, en este caso, una que paga a los vecinos y una misión que cobra a otra misión por la fabricación de un producto. […] tenía esta misión tratados con don Jacinto, el fino vecino de la Ciénega, el que se hiciere las fresadas a petición del dicho sujeto que prometió dar el más pronto cumplimiento en lo contratado, más no se le habían aún entregado las lanas porque no tenía tejedor… me escribió el padre Florencio, diciendo, si quiere muy pronto cumplimiento me enviará tres o cuatro muchachos de los telareños. Se le trabajaran las 219 AFSCQ. Documento 1, legajo 25, segunda patente enero de 1773. Lo firma Fray Romualdo de Cartagena. Guardián del Colegio. 220 Ibíd.
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