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El carácter atribuido a la iglesia cristiana como universal, definía que para pertenecer a ella se tenía que ser católico, por la tanto, la evangelización hacia los indios tenía el propósito de convertirlos de gentiles, bárbaros y salvajes a personas civilizadas, que vivieran bajo las leyes de Dios y hacerlos capaces de vivir en una sociedad regida por leyes y costumbres españolas. En el proceso de evangelización, los misioneros y los soldados españoles tuvieron difíciles experiencias debido a la resistencia natural indígena. Sus rebeliones y la permanencia de sus costumbres, fueron esparcidas a los cuatro vientos por los misioneros para demostrar que la lucha contra el demonio era azarosa y ruda. Ante estos escollos, los misioneros cambiaron de estrategias para el trato de los indios, tanto ellos como los gobiernos civiles, pensaban muy bien sus acciones antes de castigar a los indios rebeldes, ya que se exponían a serias consecuencias, que representaban un retroceso en su lucha contra las fuerzas del mal. Las negociaciones estuvieron presentes siempre entre los indios, el misionero y los militares. Desde las primeras avanzadas misioneras, la estrategia era darles regalos a los indios, para que se les permitiera acercarse a las “rancherías”. Los indios hacían acto de presencia en las misiones cuando necesitaban alimentos, es decir, acudían en tiempos de cosecha. Igual pasaba con las fiestas patronales, se suspendía el trabajo los días que duraban las fiestas, la comida se repartía a discreción, se les permitía manifestar sus bailes y alabanzas que eran paganas, pero las disfrazaban con las enseñanzas de la doctrina católica, les daban ropa. Por otra parte las fiestas, eran la carta de presentación del misionero, para invitar a los indios gentiles a vivir en la misión. Como también hemos visto, las escoltas de los misioneros en los pueblos se reducían o desaparecían a petición de los indios, a condición de aceptar su presencia en los pueblos. 334 Las iglesias eran el centro sagrado de la misión. El lugar mágico y más representativo de la presencia de los misioneros. El lugar de Dios, y todo lo que se hacia en la misión y en la iglesia era basado en la fe de Dios y sus santos. Era el espacio obligado para decidir asuntos vitales con respecto a la organización espiritual y material de la población, en ellos se reunía a toda la comunidad misional, para poner y nombrar a los nuevos integrantes del 334 Pfefferkorn, 142-143.

