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Las leyes y reglamentaciones así, como las órdenes giradas en la región de frontera, no se apegaban a la realidad social existente en las provincias. De tal manera que José de Gálvez, dio marcha atrás con respecto a la secularización de las misiones por dos motivos: Primero, por la carencia de curas doctrineros que se hicieran cargo de las misiones Segundo, que las misiones de la Pimería Alta por estar en territorio de frontera se administrarían con el antiguo método de los jesuitas, para la reproducción del sistema de reducción y evangelización a los indios gentiles. Las reformas incluyeron elementos del método antiguo ejercido por los jesuitas y las nuevas propuestas de secularización. Como la negativa a que los misioneros de la Opatería, Pimería Baja y las secularizadas administraran las temporalidades de los indios de misión. Por otra parte, José de Gálvez autorizó el pago del sínodo para todos los misioneros incluyendo a los curas doctrineros. Posteriormente, lo que arroja nuestra investigación es que las disposiciones fueron modificadas convirtiéndose en una serie de irregularidades en toda la provincia, sin poder encontrar un patrón que marcara los lineamientos de tales diferencias entre una región y otra. Es decir, las reformas en materia de administración y secularización, se convirtieron en una mezcla de elementos del método antiguo y del método nuevo. De tal manera, que las reformas adquirieron un carácter híbrido o eclécticas, perdiendo radicalidad conforme transcurría el tiempo. Las condiciones de cada lugar, la ausencia de españoles que administraran las temporalidades, la flexibilidad o el arbitrio de los alcaldes mayores o tenientes de alcaldes, que aprovecharon la situación de reacomodo social y económico que se vivía en los pueblos, para desvalorizar la autoridad del gobierno indígena, así como la del misionero. Otros, al parecer administraban las temporalidades de manera flexible o de plano se las dejaron a los misioneros para su administración. En algunas otras misiones, los misioneros no sacaban ni la congrua que los indios debían de pagarles por su administración espiritual. Yo agregaría que de 1777 a 1787 fue vital su desempeño, sobre todo para mantener una paz relativa en el territorio de la Pimería Alta, debemos pensar también que debió haber una buena relación entre el padre Barbastro y Corbalán, para instrumentar la política de la
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