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en la construcción y mantenimiento de los templos recibiendo sólo la comida por parte del 81 misionero. son los padres quienes hacen trabajar a los indios en las siembras, administrando luego sus productos, en los principios lo erraron unos y otros, los padres en aplicarse a imponer a los indios en lo dicho, y los justicias primeros en dejarlos correr así y no cuidar de ir dando la debida forma y policía a los indios, haciendo sembrar por si mismos y para el abasto común según S.M. lo manda y está corriente y bien establecido en tierra afuera…después los padres indujeron a los neófitos a que le sembraran una milpa para su sostenimiento, de maíz o de trigo o de ambos cereales, y luego que les cuidasen como es lógico, el pegujalito de 82 ganado que cada misión disponía […]. Su trabajo se tomaba como pago a la iglesia, porque no erogaban gastos por servicios eclesiásticos ni los conocidos como diezmos. Por otro lado, existía el trabajo de la cuida y crianza del ganado, el repartimiento o sistema en el que los “indios eran obligados a salir en tandas de un cuatro por ciento de los hombres capaces a trabajar principalmente a las minas”. Era común que los indios realizaran las tareas de construcción de casas que funcionaban como centros de reunión de los cabildos de indios, cárceles y casas que servían de postas para dar posada a viajeros y autoridades que visitaban al pueblo. Incluso servían de escolta a los viajeros y se integraban como milicias a los cuerpos militares 83 españoles para contrarrestar los ataques de los apaches y los indios alzados. En el desarrollo de la investigación hemos insistido en el proceso de cambio diferenciado que se viene gestando desde la llegada del Visitador general a las misiones de Sonora y Sinaloa. La instrucción que originó cambios en la vida social de los indios fue la suspensión del antiguo método de administración de comunidad en los pueblos de misión. Esta instrucción liberaba a los indios del yugo y mandato de los misioneros, “no podían ser obligados a trabajar por o para el misionero u obras de misión y si libremente lo hacían deberían ser remunerados”, de esta manera quedaron al menos en el discurso, liberados de las obligaciones de carácter comunal y en libertad de producir sus parcelas de 81 Ibíd., 91. 82 Luís Navarro García, Sonora y Sinaloa en el Siglo XVII (Sevilla. Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, 1967), 170-171. 83 Medina, 96.
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