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Esta característica se hace patente en todo el período de transición que comprende del Antiguo Régimen a la época moderna que abarca lo que resta del siglo XVIII y prácticamente a mediados del XIX. Así, después de la secularización de las misiones de Sinaloa y las del río Yaqui, esta se va impulsando como un proceso lento, pero que avanza con el paso de los años hacia la Pimería Baja y la Opatería. Era claro que las autoridades reales se proponían sujetar al clero a las ordenanzas del Patronato Real, conformando doctrinas y curatos bajo la autoridad de una Diócesis, con el fin de ir desapareciendo el sistema de misiones dentro de la recién instituida Comandancia General de las Provincias Internas. El cambio de las misiones a parroquias diocesanas era vista como una ventaja fiscal para el imperio español por no efectuar erogaciones y no 75 afectar el erario real con el pago de las congruas a los párrocos doctrineros. Los curatos de Sinaloa y del Alto y bajo río Yaqui en Sonora fueron misiones secularizadas poco después de la expulsión de los jesuitas, las cuales quedaron a cargo de curas doctrineros del Obispado de Durango, quienes estuvieron exentos de recibir el sínodo misional, pero no el sínodo parroquial. Para dar claridad a lo anterior es necesario definir cada una de las categorías que estarán presentes a lo largo de la investigación. El sínodo en cuanto a subvención parroquial, “era aquella cantidad que la Corona española asignaba del tributo que dan los indios a los párrocos de indios o doctrineros fueran sacerdotes seculares o religiosos”. El término es equivalente al de “congrua”, que era entendido como el pago que los párrocos recibían para su sustento por parte de los indios que administraban espiritualmente en la región asignada. La subvención en las provincias de Sinaloa y Sonora consistía en una cantidad de tierra de cinco suertes, proporcionada por la autoridad real para ser trabajadas por los indios de su curato, en virtud de que los párrocos no podían tener propiedades ni recibir salario por contravenir los votos de pobreza, por lo que “era justo y necesario que recibieran una congrua por su trabajo ya que 75 McCarty, 7.
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