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sin ella no se puede pasar la vida humana ni celebrar las cosas sagradas ni administrar los 76 sacramentos”. El sínodo misional tiene sus antecedentes a finales del siglo XVII, a raíz de la implementación de la actividad misionera en las regiones indígenas de las selvas suramericanas y a la zona semidesértica del norte de la Nueva España. Coincidiendo con la creación en 1683 del Colegio de Propaganda fide de Querétaro, San Fernando y otros, y la expansión de las fronteras del imperio español en América. La subvención económica que recibía el misionero regular se hizo oficial en 1721 con los misioneros capuchinos de la provincia de Andalucía en Venezuela, que consistía en cincuenta pesos destinada para la 77 compra de hábitos, cera, pan y vino. Posteriormente, el apoyo se generalizó para los misioneros de las distintas órdenes religiosas, exceptuán2e aquellas que tenían como principio el voto de pobreza. Los misioneros jesuitas y franciscanos durante su estancia en las provincias de Sonora y Sinaloa contaron con sínodo misional y parroquial, como el caso del cura de Arizpe que contó en un principio con 200 pesos anuales y el cobro de obvenciones para la solución de sus necesidades básicas. Del método antiguo a la libertad de los indios. La caracterización de “bárbaros” asignada a los indios de las provincias fronterizas de Sonora, Sinaloa y Ostimuri por los misioneros jesuitas y posteriormente continuada por los franciscanos, constituyó el argumento principal que justificó su congregación en pueblos para convertirlos a la religión católica y enseñarles a vivir bajo el esquema de la sociedad 78 española regida por leyes, autoridades religiosas, civiles y militares. El método de organización instrumentado por los misioneros jesuitas en las misiones, se basó en la explotación comunal de los recursos, resaltando el ejercicio del poder omnipotente del misionero: teniendo bajo su dirección la administración espiritual y material de los indios, implementando para su control el gobierno eclesiástico y civil en las misiones. 76 Autores cristianos, 113-204. 77 Ibíd., 119-121. 78 Ibíd., 54.
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