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[…] uno debería ver a estos indios de éstas villas como desesperados especialmente a los de Pónidas, viviendo por libres y quebrantando todas sus costumbres, ellos cuidan solamente de sus juegos, borracheras, e impúdicas insolencias en compañía de algunos españoles. Sería bueno si ellos se mezclaran con otros españoles -estos de buenos hábitos- ellos podrían obtener disciplina y libertad civil, ellos son removidos por el temor de Dios son irrespetuosos no sólo con sus justicia sino también con sus ministros. Yo no puedo admirar a alguno de estos, porque en mis cinco años en esta misión los indios ya tienen 106 que cumplir con su tributo anual […]. En la misión de Arizpe el 14 de julio de 1773, reporta el misionero franciscano de la Provincia de Jalisco Juan Domínguez, que la misión no estaba lista para convertirse en parroquia. Él era consciente de que los salarios de los misioneros deberían ser impuestos que sus parroquianos deberían pagar, pero ellos no estaban listos para ser parroquianos, porque la extrema pobreza que los indios y españoles han padecido era culpa de los ataques de los apaches. De la misma manera, apuntaba que si un hombre no sembraba para su propia subsistencia como podían estar preparados para pagar sus impuestos al curato. Infería también la mínima preparación que los ópatas tenían en los conocimientos cristianos Los ópatas debían ser preparados para la obediencia de sus ministros y para la correspondiente disciplina de sus fracasos, aún su ignorancia y sus costumbres deberían ser reducidas, las ofensas a Dios aminoradas, el servicio de su majestad incrementado y la gloria de la misión realizada, y en un corto tiempo ellos deberían estar listos para 107 contribuir para la misión que podrá convertirse en parroquia. Francisco Antonio Barbastro, argumenta en su informe de 1793 el caso de Arizpe, que siendo misión fue secularizada en una visita del Comandante General en 1776, poniéndose cura con la asignación de 200 pesos de sínodo y el cobro de obvenciones, con tan corto subsidio ha padecido mil necesidades y bajo su cuidado las poblaciones del real de Bacanuchi y Chinapa que por visitarlos se quedaron sin misa algunos días de fiesta en la capital de las provincias internas. 108 En la misión de Onapas región de la Pimería Baja, el padre Bernardo Ponce de León, servía temporal y espiritualmente en la cabecera misional del mismo nombre, con una 106 Ibíd., 182. 107 Ibíd., 183-187 108 Gómez, 65-66.

