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aprender, porque si no te vas a quedar con esa pareja para toda la vida, puedes tomarlo como algo que vas a aprender con tu siguiente pareja” (Marco) “Aquí en México hay mucho machismo, uno piensa que es mejor agarrar una nuevecita, que nadie ha estado con ella, y las mujeres creo que piensan al revés, ¿creo no?, pienso que no hay que preocuparse tanto, si ella tiene más experiencia, uno va a aprender de ella, y si uno tiene más experiencia, él va a enseñar a ella” (Alfredo) “Pues no, ¿por qué se habría de molestar?, si ya es cuestión de… si la mujer tiene más experiencia que el hombre y si te dice que es virgen, pues obvio que no es virgen porque por algo tiene experiencia y ahí te das cuenta que está mintiendo pero sería la mentira lo que me molestaría” (Carlos) Muchos de los hombres elaboran categorías acerca de cómo debe ser el comportamiento sexual de una mujer. Rogelio y Alfredo en sus testimonios muestran que esta valoración de la mujer por sus experiencias sexuales previas no es un problema para ellos, pero si para otros como Enrique y Germán, que reproducen un discurso que culpabiliza la sexualidad femenina. Para ellos, la experiencia sexual es la afirmación de su masculinidad, y a través de esto, justifican comportamientos como naturales e impulsivos, esto es lo que comentan: “Yo digo que se ve peor en una mujer que un hombre, porque el hombre pues nomás (…) o sea, actúa de una manera muy diferente, no piensa las cosas más bien que una mujer, una mujer ya teniendo más experiencia se ve mal pues, y más si es de edad más alta (Y: ¿Por qué?): Porque tiene más experiencia en las cosas” (Enrique) “Pues en un hombre pues, es que así viene desde tiempos atrás pues por eso, y las mujeres pues todo el tiempo se va a ver mal, y se seguirá viendo por lo que veo” (Germán) Históricamente, la valoración que se tiene sobre la sexualidad femenina guarda una estrecha relación con el discurso religioso. Se tienen altas expectativas sobre las mujeres a través de dispositivos como el mantenimiento de la virginidad, la culpa y el matrimonio como un espacio permitido con estricta finalidad reproductiva (Figueroa 2004), y una condena moral de las relaciones sexuales de las mujeres adolescentes, por estar fuera del matrimonio. Enrique y Germán, se refieren a códigos morales que buscan regular el acceso de las mujeres a la actividad sexual; en sus discursos legitiman la experiencia sexual de los hombres y rechazan la de las mujeres. 101

