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Sobre la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, aún permanecen vigentes los discursos asociados a la importancia de que las mujeres se respeten a sí mismas para poder ser respetadas ante los demás. Este discurso ha sido interiorizado a partir de las relaciones entre la familia, escuela y amigos, quienes se encargan de continuar reproduciéndolos. La frase “darse a respetar” tan común en los testimonios de los adolescentes, mantiene una estrecha relación con estereotipos tradicionales de género que contribuyen al mantenimiento de la desigualdad entre los sexos. Esta frase es un dispositivo que controla la sexualidad de las mujeres al establecer una división entre mujeres buenas y malas. Los hombres justifican su comportamiento a través de prejuicios sobre las actitudes sexuales de las mujeres: “Pues sí, que se empiecen a dar a respetar las mujeres también, porque dicen somos iguales y todo y pues sí son iguales, pero respétense también ¿No? ¿Qué no?...y así” (Germán) De esta manera, aunque los hombres estén de acuerdo en la igualdad de oportunidades y derechos entre ambos sexos, continúa vigente un habitus que moldea las expectativas y requisitos sobre cómo comportarse en el terreno de la sexualidad. El discurso del deber ser se centra en la igualdad entre ambos, pero en sus esquemas de percepción persisten estereotipos y normatividades tradicionales de género. Lo anterior, se refuerza mediante la educación sexual que reciben en el espacio familiar y escolar, dirigido principalmente al control diferenciado de la sexualidad de los hijos e hijas. Las relaciones sociales que construyen los individuos, junto con el contexto cultural, aunque desde un nivel micro, constituye un reflejo de lo macro, de políticas, leyes y regulaciones que impiden el ejercicio de los derechos sexuales, que se derivan, en términos de Foucault, de moralidades que impiden la reflexión de sí. Para cerrar este capítulo, encontramos que los discursos que han recibido los adolescentes tanto en el campo escolar como familiar, se basan en el mantenimiento del control de su sexualidad, con ciertos márgenes de apertura hacia la misma mediante el dispositivo 102

