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la imposición fiscal y reorganización de fuerzas armadas que decretó el gobierno central

                  (1993, 197-216). De hecho, Salmerón es el único autor que relata el pronunciamiento anti


                  centralista que encabezó José Urrea en 1841 en la ciudad de Durango, y su aporte es la

                  transcripción de correspondencia que -con parcialidad a favor de las acciones federalistas-


                  sustenta cómo fueron los arreglos políticos entre los militares (1990, 313-328).

                         Entre los trabajos que abordan una visión tradicional del pronunciamiento como una


                  práctica entre militares enfrentados por el poder, se localiza Michael Costeloe, quién,

                  analiza en un artículo el conflicto que protagonizan José Urrea y Valentín Gómez Farías en

                  1840. Señala  que  fue una asonada sin precedentes, porque los rebeldes tomaron palacio


                  nacional, apresaron al presidente, y generó  un enfrentamiento civil. El aporte es la

                  descripción de los hechos a partir del registro que día a día lanzaban en la prensa los


                  rebeldes y tropas del gobierno sobre sus operaciones; y la consulta de correspondencia de

                  Urrea para certificar que él  fraguó la conspiración desde que fue recluido en prisión en


                  1839, a razón de que creía el régimen central provocaría un movimiento secesionista en la

                  frontera norte del territorio nacional. Asimismo, interpreta que los líderes no deseaban el


                  conflicto armado porque su objetivo sólo era reinstaurar el sistema federal y confiaban en

                  obtenerlo pacíficamente porque gente en la ciudad y otras regiones los apoyaba con dinero,


                  provisiones de comida y municiones. Por ello, Costeloe concluye que este pronunciamiento

                  brindó una oportunidad a ambiciosos militares para lograr la promoción, a los comerciantes

                  descontentos para obtener la  derogación de las leyes, a los pobres para aumentar sus


                  ingresos con el botín, y a los bandidos de legitimar su comercio (1988, 245-264).

                         Recientemente, Gerardo Palomo analizó  la lógica del pronunciamiento como una


                  práctica recurrente dentro de la pugna entre quienes, tras la caída del régimen colonial,

                  pretendieron conservar privilegios a través  de la instauración de una monarquía o el


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