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la fiebre amarilla, quizá porque sea parte de la mortalidad “normal”, de las muertes esperadas.
El segundo elemento, el cierre de escuelas como estrategia para evitar la difusión de la
viruela, se enmarca en las acciones sanitarias extraordinarias, orientadas al aislamiento de
enfermos y la eliminación de riesgos de contagio en medio de un brote epidémico.
Para la década de 1890 se localizaron estadísticas acerca de la aplicación de pus
vacuno a nivel estatal y nacional entre 1892 y 1900 (véase figura 108). En el análisis de las
acciones sanitarias en el marco de los brotes epidémicos de viruela de 1869-1870, 1875-1877
y 1885-1887 se indicó que las medidas permanentes eran complementadas con acciones
extraordinarias tendientes a frenar el avance de la enfermedad e impedir su propagación.
Figura 108. Vacunación contra viruela en Sonora y México (1892-1900)
1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 1900 Total
Sonora 1513 1343 2753 5155 2673 2794 1840 951 1671 20693
% 7 6 13 25 13 14 9 5 8 100
México 274040 123741 227175 226420 259481 377190 306508 360683 485131 2640369
% 10 5 9 9 10 14 12 14 18 100
Fuente: reelaboración, a partir de Francisco Muro y Guillermo Vázquez (2010, 133).
La vacuna se convirtió en el recurso emergente en medio de las crisis provocadas por
la viruela. La figura 108 evidencia la concentración de este método preventivo en los años
epidémicos. Los cuatro años que se presentó la enfermedad (1894-1897) concentran 65% de
las aplicaciones, destacando 1895 con 5155 aplicaciones, que representa 25% del total de
vacunas del periodo. A nivel nacional, fue menos marcada esta tendencia, siendo el año de
1900 cuando se realizaron más vacunaciones (18%). En el combate a la viruela en Campeche
entre 1875 y 1891 se reportan estrategias similares a las implementadas en Sonora. La vacuna
era administrada por las autoridades locales y se “intensificaban las campañas” cuando
existía la amenaza de una epidemia (Alcalá 2010, 88).
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