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encontraban “invadidos por la viruela” y aunque ésta no había causado “grandes estragos”,

                  para “evitar el progreso de tan horrorosa enfermedad”, pidió la remisión de pus vacuno antes


                  de que el pueblo fuese “infestado por tan terrible epidemia”. Cinco días después, el secretario

                  de gobierno respondió enviando “dos paquetitos de pus vacuno” que fueron recibidos el 5 de


                  abril, 12 días después de la solicitud, tiempo relativamente corto, sobre todo si se comparara

                  con los plazos dos meses durante la amenaza de 1883.


                         De 1885 a 1887, cuando se desarrolló el tercer brote epidémico de viruela, Sonora se

                  encontraba en crisis, entre otros factores, por las guerras emprendidas contra apaches, yaquis

                  y  mayos,  así  como  la  epidemia  de  fiebre  amarilla,  que  tuvo  efectos  en  las  actividades


                  comerciales,  especialmente  en  el  puerto  de  Guaymas  y  Hermosillo.  La  memoria  de  la

                  administración  pública  de  Ramón  Corral  (1891,  225-226)  refiere  que  durante  el  periodo


                  gubernativo de 1883 a 1887, el Estado sufrió un “cúmulo de calamidades que trastornaron el

                  curso  ordinario  de  los  asuntos  financieros”.  Entre  los  factores  que  provocaron  las


                  “circunstancias  verdaderamente  difíciles”  no  se  menciona  la  epidemia  de  viruela,  las

                  referencias a ésta aparecen en las notificaciones de cierre de escuelas. De febrero a abril de


                  1887, las dos escuelas (una para niños y otra para niñas) de Pueblo de Seris (distrito de

                  Hermosillo) permanecieron cerradas “por la viruela”, impidiendo la asistencia de 75 infantes.


                  Lo mismo ocurrió en Rayón (distrito de Ures) y Terenate (distrito de Magdalena) de mayo a

                  junio del mismo año se cerraron las escuelas de varones del pueblo, afectando a 35 y 27

                  niños, respectivamente.


                         De lo anterior hay que recuperar dos elementos relacionados con las acciones en torno

                  a los problemas sanitarios generados por la viruela. El primero, la enfermedad permanece


                  “invisible”; si bien se reconoce su existencia al dictar medidas para su combate, la viruela

                  está ausente del listado de calamidades, donde sí se encuentran males extraordinarios como


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