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estaba “perfectamente establecida” en México, por lo que la viruela ya no representaba un

                  gran  peligro  para  la  sociedad.  Sin  embargo,  se  debían  seguir  implementado  medidas


                  enérgicas, sobre todo cuando la peste estaba próxima a aparecer una vez más. Dichas medidas

                  estaban encaminadas a imponer penas a los que no cumplieran con el precepto constitucional


                  y a obligar a los padres a vacunar a sus hijos pues “el gobierno había multiplicado los lugares

                  en  que  se  practicaba  la  operación  de  la  vacuna,  estableciendo  para  ello,  las  horas  más


                  cómodas, y sin embargo, los resultados no eran tan satisfactorios, como se esperaba, de esa

                  continua e infatigable propaganda”. Finalmente, concluyó Francisco Patiño, se debe buscar

                  el bien de la humanidad, pues “el hombre tiene libertad para todo, menos para suicidarse y


                  contagiar a los demás”.

                         La distribución del pus vacuno transita por las vías del poder, es decir, se realiza de


                  forma  inequitativa.  La  llegada  de  los  50  tubos  y  los  mecanismos  para  su  distribución

                  corroboran esta peculiaridad. Se remitieron cuatro tubos a ocho de los nueve distritos de


                  Sonora.  Es  decir,  32  tubos  viajaron  a  las  distintas  cabeceras  distritales  (las  ciudades  de

                  Álamos, Guaymas, Arizpe, Ures y las villas de Sahuaripa, Moctezuma, Altar y Magdalena)


                  y 18 permanecieron en la ciudad de Hermosillo, cabecera del distrito del mismo nombre y

                  capital del Estado, para reservar o asegurar la vacuna a determinadas personas o sectores en


                  la misma localidad. El expediente acerca de la distribución del pus sólo refiere dos solicitudes

                  extras, la de Altar, que fue atendida con tres tubos más y la de Ures, que fue negada por la

                  presunta inexistencia de éste. Resumiendo, a partir de las evidencias documentales se puede


                  anotar que 15 de los 50 tubos recibidos (30%) fueron aplicados en Hermosillo, el centro del

                  poder político estatal.









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