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algunas bestias de las casas. Días después pasaron por el puesto de San Lorenzo matando dos vacas sin haber poder humano que les diera alcance. El 14 de junio del mismo año, de Terrenate se llevaron doce yeguas, en mayo de 1806 regresaron a Santa Ana y se llevaron una manada, en julio acarrearon con trece bestias de San Ignacio e Imuris, en esta ocasión los pobladores resistieron e hicieron frente a los apaches, teniendo dificultad para salir del pueblo, finalmente las palabras del misionero encierran un infinito desaliento “no alcanzo modo de remediar estos males”. 231 Casas de comunidad. Las casas de comunidad fueron insertadas en la vida social de las misiones, por los misioneros jesuitas, con el fin de contar con un lugar digno que ofrecer a los funcionarios civiles, militares y eclesiásticos que tenían asuntos de importancia que atender en la misión o con el misionero en turno, representando este lugar el vínculo entre el mundo lejano español y el supuesto encierro de la misión. Se llamaron casas del común, porque sus gastos se absorbían precisamente del fondo común de la misión, incluso, el indio topil era el encargado, de que la limpieza de la casa, la leña y los alimentos no le faltaran al invitado ni a su escolta, así como la pastura a sus animales de carga, sin recibir pago alguno. Los gastos de la casa del común resultaban onerosos para la misión, porque sencillamente eran ofrecidos como un servicio gratuito a los enunciados visitantes, sin contar el trabajo de los indios en su construcción y mantenimiento de la casa, motivo por el cual a finales del siglo XVIII, muchas de sus construcciones estaban en completo deterioro. 232 Posteriormente durante la presencia de los misioneros franciscanos, el padre Antonio Barbastro en su informe de 1793, menciona las casas de comunidad en un claro afán de demostrar e insistir en el buen estado de la misiones de la Pimería Alta, por mantener el método de administración antiguo 231 AFSCQ. Documento 20, legajo 27. Estado de la misión de San Ignacio Caborica, diciembre 15, 1806, lo firma el padre José Pérez 232 Radding, “La subsistencia Indígena”…, 20.
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