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En la medida que los colonizadores españoles descubrían tierras nuevas y nuevos individuos, los juristas españoles se vieron en la necesidad de redefinir su pensamiento con respecto a la presencia de los nuevos pobladores, el “Otro”, el indio, aquel individuo que no encajaba en la sociedad europea cristiana, sin embargo, se puso a discusión el problema, anteponiendo los intereses de los españoles a los de los pueblos conquistados. José de la Cruz Pacheco, citando a Roger Bartra, deja en claro el pensamiento que los españoles tenían de los indios El hombre llamado civilizado no ha dado un solo paso sin ir acompañado de su sombra; el salvaje. Es un hecho ampliamente reconocido que la identidad del civilizado ha estado siempre flanqueada por la imagen de el Otro; pero se ha creído que la imaginería de el Otro como ser salvaje y bárbaro- contrapuesto al hombre occidental, ha sido un reflejo más o menos distorsionado de las poblaciones no occidentales, una expresión eurocentrista de la expansión colonial que elaboraba una versión exótica y racista de los hombres que 240 encontraban y sometían los conquistadores y colonizadores. Los misioneros practicaban dentro de su método de adoctrinamiento una concepción más profunda del cristianismo que tiene que ver con el humanismo, es decir, pensaban que enseñando a vivir a los indios en torno a los mandamientos de Cristo, como la piedad, la aplicación de los sacramentos, organización política, el trabajo, los actos de arrepentimiento y la solidaridad, aspectos catalogados en su concepción como sinónimos de una sociedad civilizada, es decir, representaron los medios para hacer a los indios verdaderamente humanos y vivir como hombres en comunidad civilizadamente. Por ello, los pueblos-misión resultaban el espacio físico y espiritual, para humanizar, evangelizar y aculturar a los indios. 241 En los pueblo-misión, la evangelización y aculturación a los indios no resultó nada sencillo para los misioneros, en ellos se hicieron presentes manifestaciones permanentes de resistencia y rechazo hacia la presencia de los enviados del Rey y del Papa, se hicieron acuerdos que convenían a los dos grupos, principalmente a los indios, que deberían dejarse gobernar por gentes extrañas a instancias de perder su libertad y su tradicional forma de vida. En ese sentid, los europeos aprendieron a conocer el comportamiento y carácter de 240 Ibíd., 3. 241 De la Cruz, 13.

