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los naturales, por lo que los misioneros tuvieron que internalizar socialmente para conocer la manera de pensar y de actuar de los mismos. El misionero jesuita Ignacio Pfefferkorn, en su libro segundo Descripción de la provincia de Sonora, relata que a su llegada a la misión de Ati en 1756, estaba acompañado de cuatro soldados, motivo por el cual, según él, los indios huyeron del lugar y durante cuatro semanas por la noches se dedicaron a espiarlo, sin embargo, a través de su intérprete, continuamente los invitaba a que lo visitaran con la promesa de que serían tratados con bondad y que les daría regalos. Finalmente, los indios le mandaron decir al padre que si no corría a los schondariootam (sus enemigos los soldados) no acudirían a su llamado. Despedí a mi escolta y me quedé sólo. Estaba sentado a la mesa en mi comida de mediodía, cuando treinta o cuarenta indios, robustos y de mirada hosca, se me acercaron y formando un círculo alrededor mío…ordené al interprete que les preguntara sobre lo que querían. Inmediatamente un viejo indio se me adelantó, hizo una ligera inclinación para saludar y dijo: ¡ya ves padre! ahora nosotros venimos contigo porque has mandado que se 242 vayan nuestros enemigos […]. Los templos representaron el lugar más importante de los pueblos-misión, como centro organizador del espacio y de la vida en lo espiritual y material. En ellos se llevaron a cabo los eventos de mayor trascendencia en el proceso de evangelización y dominación de los indios, mediante la impartición de la doctrina católica, confesión, educación, bautizos, matrimonios, castigos, trabajo, el nombramiento de los representantes del gobierno indígena, entre otras instrucciones tendientes a mantener al indio como súbdito del Rey español, es decir, los misioneros ejercían la representación de Dios y la del monarca español. Fue en ese mismo espacio donde se hacia presente la organización social comunitaria, con sus diversos estratos sociales y grados de jerarquización. 242 Pfefferkorn, 133-134.

