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administración de las comunidades) dentro de una región vasta pero con características sociales y físicas diferentes, con la idea de sacar provecho de los recursos naturales como lo eran el oro y la plata, sin olvidar la fuerza de trabajo que representaban los indios. El proyecto original a impulsar por el Visitador José de Gálvez en la región, fue modificado de acuerdo a las condiciones sociales imperantes, teniendo que echar mano de los recursos tradicionales de la zona y pasar por alto el tener que regresar a las formas antiguas de administración misional, creando un orden social “provisional” compuesto por elementos antiguos y nuevos que se caracterizó por un desarrollo social diferenciado en las provincias de Sonora y Sinaloa. El proyecto modernizador de Gálvez fue acompañado de infraestructura política y eclesiástica, teniendo que adecuar instituciones de ambos ramos para poder garantizar el funcionamiento del nuevo sistema que redituaría en la conformación de pueblos integrados por indios y españoles, bajo las leyes a semejanza de la sociedad tradicional española. El método modernizador consideró el bienestar de los indios, pero a la postre los españoles y vecinos o gente de razón resultaron ser los más beneficiados. Entre las medidas encaminadas a favorecer a los indios fueron la prohibición del método de administración de comunidad ejercido por los jesuitas o método antiguo, con esta medida, al indio lo “liberaron” de la dependencia directa y personalizada del misionero, situándolo en el mismo nivel social que los españoles como súbditos del Rey. En este contexto el indio siguió conservando sus tierras de comunidad siempre y cuando las hiciera producir, el servilismo desaparecía para el indio, cualquier trabajo o actividad tendría que ser remunerada económicamente, aunque siguió teniendo obligaciones como el apoyar a su comunidad en el trabajo de las tierras de misión, en la construcción de templos y la asistencia a la doctrina para su preparación a vivir en pueblos de españoles regidos por las creencias religiosas y el respeto al Rey. De tal manera, podemos concluir que las misiones secularizadas en 1768, no habían alcanzado la madurez suficiente en lo económico, político y religioso para ser convertidas

