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El Obispo estratégicamente llamó la atención y ejerció cierta presión por su investidura hacia los funcionarios reales, con la finalidad de que le entregaran prerrogativas que le permitieran mantener el control de las misiones mediante el poder eclesiástico y el manejo de las temporalidades de los indios, alejados de la presencia de los vecinos, comerciantes y mineros españoles. Pugnando para que estos formen sus propios pueblos anteponiendo la libertad y la convivencia con los españoles como hermanos. Entre sus propuestas tendientes a resolver el problema de la pobreza y organización de las misiones, recomendaba la formación de pueblos para vivir en sociedad y política cristiana, propuso la repartición de tierras en común a españoles y pueblos de indios, incluyendo montes y pastos según las instrucciones del Visitador general. Por otro lado, proponía la conformación de gobiernos republicanos de los mismos vecinos, y pedía la desaparición de los alcaldes mayores en los pueblos fundados o en los que en un futuro se establecieran, igualmente, en las misiones dejadas por los jesuitas se pedía la presencia de dos religiosos, la existencia de reglas claras sobre el ejercicio de sus ministerio y se sometan a la jurisdicción de sus Obispos. 131 Finalmente, se aprecia que el establecimiento de nuevos pueblos mixtos implica la conformación de curatos, el envío de más misioneros que de alguna manera fortalecerían al Obispado y los curatos aportarían el pago de diezmos. No es posible pasar por alto, el sentido que tenían los discursos de la época sobre la riqueza de las misiones jesuitas, en contraparte con la pobreza de las recién administradas por los franciscanos. En dichos informes es común que se haga referencia a las temporalidades que en tiempos de los jesuitas se poseía en los pueblos de misión, aduciendo de alguna manera la necesidad de que los misioneros de su Obispado, volvieran a utilizar el método antiguo de administración de los pueblos. Con esa premisa, según el discurso, los pueblos se encaminarían a un desarrollo económico y espiritual. En ese mismo tenor, cabe plantear, que las misiones secularizadas del Yaqui, siguieron produciendo casi igual que cuando eran administradas por los misioneros jesuitas, teniendo a un cura doctrinero como encargado de varios pueblos. Esta excepción hacia 131 Ibíd..,32
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