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Describe a Lola como una mujer de 18 años, bellísima. Al describirla toma como estándar de belleza, características de la mujer europea: portento de mujer: ojos verdes como las aguas de la bahía, cabellera dorada como espiga de trigo maduro, la piel blanca y en su rostro dos chapetas como rosas de Jericó. Era la Dulcinea de los jóvenes más apuestos del lugar. Escoboza termina su relato con una pregunta a su tía abuela -¿Y qué pasó al final, tía Manuelita ? a lo que ella responde: -Lolita no quiso regresar al mundo civilizado. Dijo que amaba a Coyote-Iguana. Este autor no relata la muerte de Lola, ni la de Coyote Iguana, termina así: Y a mi, que era un niño, me satisfizo el final de la narración, considerando que ese drama tan doloroso merecía un epílogo feliz. El autor de esta versión combina el estilo directo del diálogo, con el indirecto de la narración y le da forma de relato que pasa de una generación a otra: característica propia de la leyenda. Y cumple con una intención memorística propia de la literatura “que alude a su capacidad para representar aspectos dados de la realidad, determinados por una perspectiva y capacidad problematizadora individual, misma re-presentación que busca encausar o proponer los parámetros de orden y sentido del mundo” 314 La versión de Sergio Córdova Casas 1996, es una reconstrucción a partir de tradición oral de los supuestos descendientes de Lola y Coyote, y habla del árbol genealógico de esta familia. Él conoce las Cartas de Navarro, pero supone que la parte oficial dio un “carpetazo” al asunto y se olvidó de él. 314 Bobadilla, ídem. pp. 24-25 170

