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desatenderá la descripción fantástica y se atendrá a la narración escueta del drama, sin embargo, constantemente hace uso de adjetivos calificativos tanto para el evento: “lo que sigue estruja el alma”, “Y es aquí donde entra la ficción a toda vela, poniendo en labios del selvático guerrero una declaración amorosa de hombre civilizado, con sus rasgos de poeta”, “la verdad, seguramente es otra: la hermosura de la presa inflamó la sensualidad del reyezuelo y a la cabeza de la hueste vencedora […] la llevó consigo”, como para los personajes, “18 años florecen con esplendidez”. Después del rapto, Dolores tiene posibilidades de volver Cuéntase que un día viéronla en la isla o en la costa personas de este puerto que la excitaron a volver a él; pero que ella, avergonzada de su triste condición o detenida allí por el cariño que le ataba a los vástagos que le dio Coyote Iguana, terminantemente rehusó la indicación, y allí murió Iberri considera que es primero la “vergüenza” que siente por su nueva forma de vida la que no le permite reintegrarse. Es decir, el peso del valor moral recae ahora en “lo que diría la sociedad”, más que en el amor a sus hijos y a su pareja. Puede notarse un cambio entre el sacralizar la figura femenina por su maternidad y su fidelidad como lo hace el discurso romántico y el valor que se le confiere a la mujer “de bien” dentro de la nueva sociedad, que para esta época ya se consolidó en Sonora. Es interesante el intento de desmitificación del protagonista, pero el punto de vista del indígena como un salvaje continúa, pues en esta versión, Lola no recibe honores al morir, sino que muere y “su cadáver se pudre bajo las ramas que sobre ella echaron, pues los seris no entierran a sus muertos” Sobre los seris opina: “banda de indios astrosos y semidesnudos, en cuyos brazos y torsos resaltaban estrambóticos tatuajes”, “hoy a punto de extinguirse”, “salvajes desgreñados, sucios perezosos que vivían en asquerosa promiscuidad con las mujeres, que se perforaban 167
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