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Se refiere a él como “troglodita”, “salvaje”, “feroz” y sobre su muerte explica que: Dice la leyenda que los enemigos vencedores echaron a la voracidad de perros salvajes el cadáver del capitán seri, para vengar la afrenta que les había inferido. Así sucede. Sólo después de la muerte suelen cobrarse agravios de los hombres valerosos. También en esta versión, son los perros los que devoran el cadáver de Coyote Iguana. Sobarzo va explicando la historia del evento mientras va incluyendo comentarios personales que reflejan su forma de pensar y lo que sabe acerca de las costumbres de la tribu. Lo que más resalta en su narración es la diferencia entra ambas culturas, vistas desde el personaje principal, Lola. Lola muere bajo el mandato de Coyote Iguana III, quien le tributó los “más altos honores que se habían concedido a una matrona de la nación”. En la versión de Alfonso Iberri, tomada de Las viejas casonas de Guaymas, publicada en Sonora un siglo de literatura, poesía, narrativa y teatro y recopilada por Gilda Rocha. Consta de una página y pocos renglones. No tiene apartados visibles, pero puede detectarse en la narración una apertura, inicia con una pregunta retórica: “¿En qué casa y en qué calle vivía Lola Casanova?” ; luego narra los hechos y finaliza reflexionando en el silencio y misterio que cae en los padres de Lola Casanova después de su rapto. El narrador es extradiegético, ve la historia desde afuera y esto le permite emitir juicios de valor. Dice que es una desventura, donde la ficción y la realidad se toman de la mano. Lo describe como “episodio espeluznante”. Habla de fechas y lugares imprecisos. Lo sitúa entre los años cuarentas y cincuentas del siglo XIX y en un lugar llamado La Palmita “cuya ubicación no se señala”. Iberri, critica la sensibilidad y el lenguaje del protagonista de novela romántica del siglo XIX atribuido a Coyote-Iguana y asegura que se 166
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