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que contra su voluntad la unía a su monstruoso Otelo, suavizaba sus torturas y la hacía resignarse a su salvaje destino. Diez meses después de su captura Dolores dio a luz su primer niño, a quien amaba con horror y con ira. “Entonces –dice ella- comprendí aquello: que de Dolores Casanova sólo quedaba un triste recuerdo y que en lo sucesivo no sería más que una matrona seri, la esposa del temido y bravo jefe de la nación Kunkaak.” Pasó el tiempo; Dolores dio luz dos niños más, y aunque al principio con grande repugnancia, ella gradualmente también adquirió los hábitos salvajes de los Kunkaaks..., comiendo carne cruda y putrefacta, viviendo semidesnuda y compartiendo con su esposo los peligros de la batalla. En muchas ocasiones vino a Hermosillo, disfrazada como una seri, divisó a la distancia a sus familiares y volvía a presentársele la oportunidad de recobrar su libertad e ingresar de nuevo el seno de su familia y a la vida civilizada; pero no se resolvió; por el amor de madre y el cariño salvaje que ya profesaba a aquel guerrillero atleta. Coyote-iguana fué muerto en un combate por los de su misma tribu, quienes nunca aceptaron de buena gana la imposición como su reina a una mujer que no era de su misma sangre. Su cuerpo fué hecho pedazos y tirado a los perros, vengando de ese modo el insulto a su tribu. Otros dos hijos de Dolores fueron coronados reyes más tarde, con los nombres de Coyote-iguana II y Coyote-iguana III; ella murió durante el reinado del último, obligando éste a la tribu a hacerle los honores reales a la reina muerta. De esta manera quedaron epilogadas las quiméricas ilusiones que se formara Dolores Casanova, antes de pasar a ser la esposa de Coyote-iguana, el temible y orgulloso jefe de la tribu Kunkaak. Volviendo al relato histórico de los malos instintos de esta tribu, que periódicamente se ha insurreccionado no tan sólo para robar los ganados que ha podido hacer a su alcance y asesinar villanamente a los habitantes de los ranchos situados en la costa, y con el ánimo de llevar a la mente de los lectores hasta dónde llega el salvajismo y pereza de los Kunkaaks, debe hacerse constar que en el año 1880 llevaron a cabo uno de sus levantamientos, viéndose el Gobierno del Estado en la imperiosa necesidad de abrirles una campaña formal, logrando hacerles como ciento cincuenta prisioneros entre hombres, mujeres y niños, que fueron traídos a la Capital, y con el fin de evitar que éstos volvieran a su antigua vida de desórdenes, se les confinó en una especie de reservación en el pueblo de Seris, donde se les proporcionaba abundante ración de carne, maíz y frijol para que vivieran, habiéndoseles nombrado, previamente, un jefe de entre ellos mismos, que a la vez que servía para vigilarlos y mantenerlos en orden, era el intérprete por medio del cual se entendían con las autoridades. 228
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