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*** Pero el destino tiene designios extraños, y el de Lola se cumplió. Desde aquel día rompió forzosamente con su pasado, y se convirtió en la Reina Blanca de los Kunkaaks. Al principio, sufrió el desprecio de las mujeres de la tribu, que no la aceptaban como digna, de ser la compañera de Coyote-Iguana; pero el valor y el respeto hacia el jefe, venciéronlo todo, y Lola fue querida y formó parte de aquélla rebelde familia aborigen a quien diezma cada día más su horror a la civilización. Diez meses después del fatídico encuentro en La Palmita nació el primer hijo de Lola Casanova y Coyote-Iguana; fue entonces, según propia confesión, cuando ella comprendió que el pasado había muerto definitivamente; el amor hacia el hijo, y también hacia el padre de aquel hijo, la ligaban a la suerte de la tribu seri. El gran amor de Coyote-Iguana, demostrado en formas diversas, inclusive en los fuertes encuentros que tuvo que sostener contra los cabecillas de los seris, para imponer a Lola como reina, le captaron el cariño de la muchacha blanca. Lentamente fue perdiendo sus nexos con el mundo civilizado; se acostumbró a pintarse cuerpo y cara de abigarrados colores, como las indias de la tribu, no sintió ya repugnancia por comer carne cruda, y la intemperie no la asustaba ya. Otros hijos vinieron a separarla más del mundo de los suyos; varias veces, en unión de otras mujeres llegó a Hermosillo, y logró ver a varios miembros de su familia en diversas ocasiones; pero adquirida ya la rebeldía de la tribu, comprendiendo que sería imposible que los suyos vieran en ella a la muchacha perdida hacía muchos años, permaneció impasible, callada, resignada. Había además la circunstancia de que el amor a su marido y a sus hijos, la ligaba más a la vida del presente que a la del pasado; comprendía que no podía aunque quisiera, asimilarse al ambiente del que había desplazado su destino. Coyote-Iguana, envejeció; su largo poderío parecía haber impuesto definitivamente el reinado de la mujer blanca, pero a la muerte del jefe supremo, los indios se insubordinaron, y en salvaje venganza, arrojaron el cadáver de Coyote- Iguana a los perros que lo destrozaron furiosamente. El dolor de Lola fue muy grande, pero pareció resignarse. Mujer fuerte, esperó pacientemente a que el mayor de sus hijos tuviera la edad necesaria para rescatar el poder que legalmente le correspondía, de la tribu rencorosa que en los últimos días de la vida de su padre, le había hecho sufrir hasta la muerte. Vengada la muerte de su esposo, Lola conquistó el poder para Coyote-Iguana II, quien habiendo heredado de su padre las dotes de mando y de fuerza, condujo a la tribu por un camino de relativo adelanto, relativo, porque a pesar de todo, los seris siguen siendo al paso de los siglos un conglomerado cada día más reducido, más pobre, más débil. Durante el poder de Coyote-Iguana II, no cesaron los ataques y el odio contra Lola; pero su hijo, digno hijo suyo y del valiente jefe pima, la defendió de los ataques, hasta que en un combate, encontró la muerte. Con su muerte, la tribu se creyó libre de la dinastía de los Coyote-Iguana, pero fue errónea la creencia, pues el segundo hijo más fiero en el combate, más valiente 231
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