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Anexo 6 Lola Casanova, reina de los Seris En Horacio Sobarzo Episodios Históricos Sonorenses y otras páginas (1981; Porrúa; México) […] Relatemos ahora uno de los episodios más difundidos de la expresada tribu, episodio en el cual la figura prominente es Dolores Casanova, joven perteneciente a una estimable familia guaymense de elevada posición. El padre de nacionalidad española. Lamentablemente los datos sobre dicha familia son escasos y vagos. Atengámonos con reservas y sólo provisionalmente a los que nos proporciona Francisco Rojas González. El padre se llamaba Diego Casanova y en la época de los acontecimientos que relatamos era viudo. Dolores, hija única, de tez blanquísima, tersa y suavemente coloreada, ojos negros y profundos, ensombrecidos por recias pestañas, nariz pequeña y remangadilla, amplia y ligeramente abombada la frente, cejas finas y móviles, rojos y carnudos los labios y una ala de águila por cabellera. Era alta Dolores, alta y cimbrante como un cocotero. Muy niña perdió la madre, precisamente en el trance en que ésta ofrecía a don Diego un heredero que no la sobrevivió. La niña quedó entonces sola con su padre, catalán trabajador y de inteligente iniciativa. Alegre en el trato y cordial en la amistad, Casanova siempre rodeado de íntimos, hacía una existencia social tan brillante y dispendiosa como se lo permitían su viudez y sus cuarenta y pico de años, llevados con garbo, de los cuales diecisiete tenía de avecindado en Guaymas. La más viva preocupación del catalán era Dolores, “la Lola”, como él la llamaba en tono conmovido de amor. En ella veneraba el pasado, idolatraba el presente y temía el futuro, dice donosamente Rojas González. Estas circunstancias nos sugieren la observación de que Dolores en su propia casa era toda una reina, servida como tal y amada como la que más. Continuamos así la información novelesca, a la cual no damos pábulo, sino que la aportamos como historia tradicional que no ha sido depurada en procedimiento contradictorio. Por el año de 1854, como era frecuente, un convoy de carros tirados por mulas se trasladaba del puerto de Guaymas a la ciudad de Hermosillo conduciendo mercancías y pasajeros. Así se reunía numeroso grupo de personas para cuidar de su seguridad, dado que los caminos eran amenazados por el merodeo de seris y apaches. En la expedición a que nos referimos viajaba con personas de su familia la agraciada joven Dolores, de dieciséis años de edad. En el punto denominado “La Palma” el convoy fue asaltado por los seris y después de reñido combate, éstos quedaron dueños del campo. Algunos de los pasajeros, lo mismo que algunos de los carreros, fueron muertos. Los demás lograron huir. 233
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