Page 229 - ::El Colegio de Sonora :: Repositorio Documental ::
P. 229
Anexo 5 La dinastía de Coyote Iguana De Parodi, Enriqueta Cuentos y leyendas. (1985; 4ª. Ed.; Ed. Gobierno del Estado de Sonora; Hermosillo) pp. 25-31 Quizá, más que leyenda, estas páginas sean un pasaje complicado y oscuro de la historia del MÉXICO aborigen; pero la ausencia de fechas exactas, y algunos detalles casi increíbles, me hicieron catalogar este episodio salvaje y romántico, entre las leyendas mexicanas. Fue don Fortunato Hernández, uno de los hombres que más detenida y acuciosamente se ocupó de la vida de nuestras tribus aborígenes; y a su pluma atildada, se deben los datos de este acontecimiento sucedido hace ya muchos años, pero que sigue conservando a través del tiempo su interés. A una humilde mujer del pueblo, cuyo esposo había sido víctima del salvajismo irreducible de los indios seris, los famosos “Kunkaak”, a quien un día, Lola Casanova, la hermosa “reina blanca de los seris” le contó esta dolorosa aventura, prolongada a través de los años en forma llena de acontecimientos disímbolos a la par que interesantes. *** La Isla del Tiburón, ha sido desde tiempo inmemorial, el reducto de la tribu Seri. Situada frente a la ciudad de Hermosillo, en la costa bañada por las aguas del Mar de Cortés, la isla no ofrece mayores perspectivas; pero ha sido siempre un refugio para la tribu que considera dicho territorio, como de su absoluta propiedad; varios han sido los gobernantes de Sonora, que han hecho encomiables esfuerzos por asimilar a los seris a la civilización y todo ha sido en vano; indolencia y pereza, a la vez que valor indiscutible, son características suyas. En años anteriores, los seris incursionaban frecuentemente por sitios donde había perspectivas de robo abundante; y frecuentemente tuvieron el atrevimiento de llegar hasta las goteras de la ciudad de Hermosillo, sembrando el terror entre los vecinos que se dieron cuanta del peligro; no era raro también verles atacar a los convoyes que por precaución se formaban para hacer travesías de una a otra ciudad, y muy frecuentemente sucedió que tanto el valor como la superioridad numérica, diera el triunfo a los indios en los encuentros tenidos. María se llamaba la mujer a quien Lola Casanova contó la historia dolorosa; un día, sentada María frente al jacal donde vivía y donde meses antes habían matado a su esposo los seris, vio llegar a un grupo de mujeres de la tribu, quienes se acercaron para tomar agua del pozo. Una de ellas, al sentarse a descansar, dejó al descubierto un muslo blanco y bellamente formado; el contraste de su cara casi negra con aquel muslo mórbido, llamó la atención de María, quien le preguntó a la india: -¿Eres de la tribu seri, o perteneces a la raza blanca? 229
   224   225   226   227   228   229   230   231   232   233   234