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carnero recién derretido a fuego manso, con una pluma” en los puntos específicos. El purito

                  o  “ganas  de  rascarse”  se  combatía  humedeciendo  con  algodones  o  lienzos  delgados


                  remojados en agua “algo caliente” o con el cocimiento de trébol y manzanilla. Para las “llagas

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                  malignas que suelen dejar las viruelas” proponía aplicar un ungüento preparado con greda

                  molida y cernida, vinagre, aceite rosado o manteca, miel virgen, yemas de huevo y mirra

                  (Esteyneffer 1978, 507-508).


                         Como se observa en este breve recuento de las medidas para la atención de la viruela

                  durante  el  siglo  XVIII,  las  acciones  son  paliativas  o  atenuantes,  pues  no  eliminaban  la

                  presencia de la enfermedad, sólo aminoraban sus efectos para sobrellevarla y recuperar la


                  salud. El Florilegio, brindaba orientación acerca de la naturaleza de los padecimientos, los

                  auxilios divinos y sus remedios (generales y específicos) basados en los recursos naturales


                  de la región. Acerca de la viruela, desataca la ausencia de referencias a la variolización e

                  inoculación, métodos que se anotaron en el primer apartado como medidas preventivas que


                  antecedieron al descubrimiento de la vacuna en 1796.

                         La variolización es un procedimiento preventivo que se originó en la India y China


                  durante  el  siglo  X.  Consiste  en  la  aplicación  vía  nasal  del  polvo  de  restos  de  cicatrices

                  (costras) de niños que padecían la variola minor, una forma benigna de viruela. Hacia el siglo


                  XVII se identificaron tres métodos distintos aplicados en China: 1) introducir en las fosas

                  nasales de un pedazo de algodón empapado de pus extraído de pústulas frescas de individuos

                  que padecía la  enfermedad de forma suave;  2) inhalar costras  desecadas  y pulverizadas,


                  recogidas un año antes; y 3) vestirse con ropas usadas por un enfermo de viruela (Tuells y





                  21  El Diccionario de autoridades de 1726-1739  (RAE 2016) la describe como  “especie  de tierra blanca  y
                  pegajosa, que comúnmente sirve para batanar y lavar los paños y tejidos de lana, para sacar las manchas de las
                  ropas, aclarar el vino y otros usos”.

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