Page 36 - RED001120
P. 36

Ramírez 2003, 87). La variolización se difundió en gran parte del continente y gracias a las

                  rutas comerciales se expandió a diferentes espacios, generando variantes regionales, como el


                  caso de Persia, donde el polvo se ingería (Vera y Pimienta 2007, 120-121, Franco, y otros

                  2003, 304-305).


                         En Turquía, Arabia, Grecia y África del Norte se aplicó una variante que se conoce

                  como inoculación, que consiste en frotar el líquido de una pústula de viruela humana sobre


                  una escoriación provocada por una aguja o lanceta en el brazo de las personas sanas. La

                  inoculación se introdujo a Europa a principios del siglo XVIII y de ahí pasó a distintos lugares

                  de América, entre ellos la Nueva España (Di Liscia 2011). En medio de la epidemia de viruela


                  de 1797, por ejemplo, el Real Tribunal del Protomedicato promovió la inoculación, imprimió

                  e hizo circular el folleto “Instrucción para inocular las viruelas y método de curarlas con


                  facilidad y acierto”, el cual explicaba que el procedimiento consistía en: “introducir en el

                  cuerpo por una ligera incisión la materia tomada de las benignas y bien maduras [viruelas].


                  Las ventajas de este método se fundan en la naturaleza de la materia, en el camino más seguro

                                                                                            22
                  por donde la recibe el cuerpo, y en la elección del tiempo, y de las personas”.  Acerca de la

                  pertinencia de la inoculación, el folleto advierte la conveniencia de observar puntualmente

                  sus  recomendaciones  y  solicita  que  “se  abstengan  de  otros  remedios  peligrosos,  y  sólo

                                                                                                   23
                  proporcionados a convertir las viruelas de buenas en malas, y de malas en mortales”.

                         A este riesgo que implicaba la inoculación se le sumaba la resistencia de los sectores

                  populares, situación que la convertía en una medida contraproducente. En casos como la


                  referida  epidemia  de  1797,  el  párroco  del  pueblo  de  Tacuba  y  el  médico  responsable

                  acordaron que la mejor ayuda para los enfermos pobres sería proporcionarles “medicinas y




                  22  Archivo General de la Nación (AGN). Instituciones Coloniales. Impresos oficiales. 1048. Volumen 21, p. XII.
                  23  Ibid, p. XXXVII.

                                                                                                        35
   31   32   33   34   35   36   37   38   39   40   41