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crisis demográficas, lo que provoca a su vez un aumento poblacional; posteriormente la
natalidad abandona las altas tasas del periodo anterior, para mantener niveles sin precedentes
y muy similares a los de la mortalidad, reduciendo progresivamente el ritmo de crecimiento
poblacional (Castro 2011, 8-9). A partir de lo anterior, se puede concluir que la TD es un
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proceso de modernización en los fenómenos poblacionales. A nivel nacional, la lectura del
proceso de transición demográfica ha derivado en al menos dos vertientes: una que ubica su
inicio en el periodo posrevolucionario, a partir de 1921, luego de la pacificación y la
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restauración (Partida 2005) y otra que lo señala como una particularidad de finales del siglo
XIX, producto de la baja de la mortalidad (Zavala 1992, 104).
Resumiendo, la dimensión biológica, que será estudiada a través de la epidemiología
histórica, engloba los aspectos demográficos necesarios para identificar las características de
la distribución de los estados de salud y enfermedad a través del tiempo. Esto permitirá
generar un panorama cuantitativo de la viruela y que éste se convierta en el prefacio o marco
para construir explicaciones que den cuenta del comportamiento e influencia de esta
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enfermedad en la dinámica demográfica y social de Sonora durante el periodo 1869-1897.
15 En referencia a la inviabilidad académica de aplicar de manera tajante la definición de TD, Marta Vera y
Rodrigo Pimienta (2007, 39) indican: “Considerando esa pluralidad, carece de sentido hablar de una sola
transición demográfica, en un mundo y una región que vive y ha vivido durante siglos en medio de profundas
desigualdades, las cuales se reproducen en el seno de los llamados países de desarrollo intermedio, entre los
que se ubica México. En el caso de México han transcurrido y transcurren diversas transiciones demográficas,
entre los diversos estratos socioeconómicos, los grupos de población pertenecientes a las distintas etnias, en las
distintas áreas geográficas, etcétera”.
16 En esta misma vertiente podría ubicarse el estudio de Vera y Pimienta (2007, 167), quienes aseguran que “La
idea que se puede rescatar de la demografía contemporánea es que la dinámica poblacional mexicana durante
el siglo XIX no experimentó transformaciones notables, por la escasa investigación de esa época con que se
cuenta”.
17 Con respecto a la demografía histórica, Claude Morin (1972, 417) señala que “es el prefacio al conocimiento
de los hombres; nos introduce en los problemas económicos y sociales, en los problemas de la mentalidad, tan
difíciles de comprender. Al asignarle esta tarea a la demografía histórica no estamos cayendo en un
‘demografismo’; el historiador no debe dirigir su mirada solamente hacia el horizonte demográfico”.
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