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Como parte de esta expansión de las atribuciones del Consejo Superior de Salubridad,

                  en 1883 se formuló un proyecto de organización de los servicios de higiene pública. Éste


                  otorgó libertades al presidente de la república para dictar acciones preventivas y modificar o

                  suspender las medidas de preservación. Además, planteó al Consejo como un órgano de


                  carácter nacional, anexo a la secretaría de gobernación, y ordenó el nombramiento de una

                  junta de salubridad en cada uno de los estados y de una junta de sanidad en los principales


                  puertos de la república (Álvarez 1960).

                         Las juntas de sanidad eran organismos formados en momentos críticos y reconocidos

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                  por  las  autoridades.   Cuando  se  presentaban  epidemias,  el  desempeño  de  éstas  era

                  fundamental, colaboraban con trabajo y fondos económicos para ayudar tanto a personas

                  necesitadas  como  a  los  mismos  ayuntamientos.  Generalmente  estaban  integradas  por


                  personas  de  reconocida  solvencia  moral  y  económica;  dependían  de  los  mismos

                  ayuntamientos en cuanto a los asuntos locales y de la secretaría de gobernación en lo referente


                  a la salud en general. Las juntas de sanidad constituidas en los puertos tenían la particularidad

                  de que eran dirigidas por un médico, nombrado por la secretaría (a propuesta del Consejo


                  Superior de Salubridad) y de las personas que nombraba el ayuntamiento.

                         Estos organismos, para el caso de los estados, y el Consejo (para el Distrito Federal)


                  tenían a su cargo la higiene pública nacional, con capacidad para solicitar las noticias que les

                  fueran  necesarias  y  con  libertad  para  designar  el  número  de  inspectores  que  juzgaran





                  34  Con respecto a las Juntas de Sanidad, en la conferencia titulada “Algunas consideraciones acerca de la higiene
                  social en México”, pronunciada en la Sociedad Médica “Pedro Escobedo” en 1911, el Dr. Eduardo Liceaga, en
                  un ejercicio autocrítico acerca de las estrategias empleadas, señala: “Hasta que se consumó la Independencia se
                  pensó en encomendar el cuidado de la higiene pública a juntas que se llamaban de sanidad, en las que había
                  casi siempre médicos, pero también comerciantes, industriales, sacerdotes, muy celosos de cumplir con su
                  encargo pero que carecían de la aptitud necesaria para el buen desempeño de sus funciones”.
                  Archivo  Histórico  de  la  Secretaría  de  Salud  (AHSS),  fondo  Salubridad  Pública,  sección  Congresos  y
                  Convenciones, caja 10, expediente 21.

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