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estatales y demás autoridades y empleados del orden administrativo, conforme a las leyes y

                  disposiciones de la federación y a las particulares de los estados, tal como se anotaba en el


                  referido proyecto de organización de los servicios de higiene pública del 28 de febrero de

                  1883.


                         En un ejercicio de autocrítica acerca de la efectividad de la legislación mexicana, el

                  Código  destaca  el  impacto  negativo  de  la  falta  de  disposiciones  penales  para  su


                  cumplimiento, ya que la constitución y sus leyes orgánicas carecían de preceptos referentes

                  a la higiene pública. Las epidemias, advierte el Código, deben ser vistas del mismo modo

                  que las invasiones extranjeras, pues ambas atacan las “fuerzas vivas de la nación”, y mientras


                  que las guerras son un “azote transitorio”, las epidemias y las malas condiciones higiénicas

                  de  una  población  son  “calamidades  permanentes”.  Por  estos  motivos,  concluye,  es


                  incuestionable el derecho a la defensa de la nación, pero también es “ineludible la obligación

                  de proteger la salud pública”. En esta crítica es importante resaltar como, a través del Código,


                  se  clasifica  a  la  salud  pública  como  un  “problema  nacional”  (a  la  altura  de  asuntos  tan

                  importantes como la defensa de la soberanía) y se define al gobierno como el “responsable”


                  de mantener niveles adecuados de salud.

                         Las  notas  preliminares  del  Código  Sanitario  señalan  la  importancia  de  ver  al


                  “hombre” como “parte de la patria”, como un “valor en el estado”. Invita a revalorar la vida

                  humana y entenderla como un factor determinante para el sector económico y por lo tanto

                  para el bienestar y progreso nacional. Estima que por cada defunción existen diez casos de


                  enfermedad, mismos que, de no terminar en muerte, provocan pérdidas de alrededor de 30

                  días de trabajo, aparte de los gastos destinados para su curación.


                         La reducción de las tasas de morbilidad y mortalidad se convierte en un punto clave.

                  Según el Código, los “medios” básicos para disminuir la mortalidad son: proporcionar aire


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