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puro, habitaciones iluminadas, agua pura, alimentos sanos, medicinas puras, habitaciones
sobre suelos secos y bien canalizados, separación de desechos, evitar aglomeraciones
humanas, aislar hombres o animales con enfermedades transmisibles, cuidar la educación
física y cultivar el espíritu. Como soporte de lo anterior, se refieren los casos exitosos de
Inglaterra, Francia, Suiza e Italia, donde, “luego de poner en vigor leyes sanitarias, la
mortalidad ha descendido rápidamente”.
Una de las novedades del Código es la relevancia que le asigna al individuo, al
respecto, aseguro que “si todos los habitantes conocieran y practicaran las reglas de la higiene
privada, las poblaciones ganarían mucho en salubridad”. Para el cabal cumplimiento de sus
planteamientos, este instrumento normativo demanda la existencia de “ciudadanos activos”,
es decir, individuos que se conviertan en factores de acción (aplicación) de los marcos
legales.
La secularización de los cementerios, consecuencia de las Leyes de Reforma, le
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asignó al estado la responsabilidad de regular el “destino final” de las personas. Por lo
anterior, el Código dedica algunas líneas a especificar las características que deben cumplir
los cementerios, entre las que destacan: ubicarse fuera de la ciudad, en un punto opuesto a
los vientos dominantes, cuando menos a dos mil metros de distancia de las últimas casas y
de manera que sus filtraciones no mancillen las aguas potables; también, prohíbe la
39 El 15 de mayo de 1877, la Gaceta Médica de México (tomo XII, número 10, p. 196) publicó un artículo
titulado “Panteones”, en donde señala la falta de atención a los cementerios de la ciudad de México. De manera
textual, indica: “El mal estado en que se encuentran todos los de la capital demandan un pronto remedio por
parte del ayuntamiento. (…) Es indigno de la cultura de México, y de los adelantos de la ciencia, ver convertido
en panteón un terreno fangoso, levantado con las basuras de la ciudad, que extiende sus filtraciones a grandes
distancias, infectando las aguas de las acequias y ocasionando gravísimos males a los vecinos. Si algún gasto
pudiera hacer el ayuntamiento que mereciera el aplauso de todos, sería el de erigir una gran necrópolis, hecho
con todas las reglas higiénicas, en donde sin perjudicar a la salubridad, pudieran inhumarse los cadáveres de la
capital”.
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