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44 En el curso del desarrollo lingüístico de cada individuo, el uso que le da a las palabras y el sentido con el que las dirige va cambiando y se va enriqueciendo, construyendo diversos juegos de lenguaje que transforman y modifican el significado o la intención de sus construcciones lingüísticas. Las palabras van adquiriendo múltiples usos y significados, complejizando y enriqueciendo la comprensión de las oraciones o de las ideas escritas y habladas de cada individuo. 40. Hablemos primero de este punto de razonamiento: que la palabra no tiene significado si nada le corresponde. –Es importante hacer constar que la palabra <> se usa ilícitamente cuando se designa con ella la cosa que corresponde a la palabra. Esto es confundir el significado del nombre con el portador del nombre. Cuando el Sr. N. N, muere se dice que muere el portador del nombre, no que muere el significado del nombre. Y sería absurdo hablar así, pues si el nombre dejara de tener significado, no tendría sentido decir <> (Wittgenstein 2003, 59). Wittgenstein vuelve a recalcar que el significado es el uso, es decir, el uso de la palabra es el que da el significado, y como los usos son múltiples, los significados son también múltiples. El hecho de relacionar un objeto con un determinado término o palabra es simplemente nombrar ese objeto, identificarlo con un nombre, pero de ninguna forma se le está otorgando posesión de un significado cabal. El nombre de un objeto de ninguna forma representa su significado. Podemos usar una misma palabra, un mismo nombre de algún objeto para dar diversos significados en nuestras construcciones lingüísticas. Existen además en nuestro lenguaje, expresiones que no denominan o nombran necesariamente un objeto, sino que pueden ser verbos o exclamaciones que se usan para una infinidad de intensiones, de significados y de usos. Lo que Wittgenstein nos está planteando es que en nuestro lenguaje no se trata de “hablar de cosas”, pues hacemos de estas, toda una serie de construcciones heterogéneas. Pensemos, dice Wittgenstein, sólo en las exclamaciones con sus funciones totalmente diversas, y pone de ejemplo: “¡Agua!

