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Por otro lado, los excedentes de las cosechas de las tierras del común de la misión fueron comercializadas entre los misioneros, hacendados y mineros. A la vez del intercambio que hacían por bienes necesarios para los hijos de la misión, mediante las “memorias anuales” enviadas a la ciudad de México y que se apoyaron con el sínodo para el pago de las mismas. Esta forma de comerciar igual a la implementada por los jesuitas, les permitió a los misioneros aminorar el gasto de la misión y acrecentar sus bienes, a la vez que incorporaron a sus dietas elementos que en el mercado local difícilmente se obtenían. […] pues una de las cosas buenas que tenía el antiguo método era que los avíos venían de México, como de esto redunda tanto alivio…los mercaderes que hay en esta provincia no son de caudal propio por lo común y así reciben lo que los mexicanos les envían y al precio que les señalen y de ahí resultan unos precios subidísimos y unos géneros muy inferiores y en todo esto hay atraso…en vista de esto los que tienen posibles piden las cosas a México y lo mismo hacen los misioneros de la Pimería Alta cuya providencia 190 ayuda mucho a que tengan lo necesario[…] . El comercio o intercambio de bienes materiales vía “memorias” les permitió mantener a los misioneros un equilibrio económico de las necesidades básicas de los indios como la alimentación, el vestido, compra de herramientas utilizadas en la agricultura y almacenaje de la semilla necesaria para la siguiente temporada de siembras. Por otro lado, el aspecto de la doctrina y la tributación a la Santa Iglesia, nunca cayó en el olvido. De tal manera, que podemos adelantar que la producción mayor de temporalidades en la misión, facilitó a los misioneros primero el sostenimiento de la economía misional como principio básico, la reconstrucción y construcción de templos seguros y duraderos, siendo el trabajo de las tierras comunales, crianza de ganado, la renta de la fuerza de trabajo, el medio que permitió el pago a operarios y sirvientes indios, españoles y castas que se contrataron para la fabricación de dichos inmuebles. Con respecto al número de población india necesaria para la reconstrucción de un templo, al parecer no se ocupaba de una gran cantidad, como apuntó el padre Barbastro en su informe de 1793 190 Gómez, 72-73.

