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los instrumentos diabólicos que se les arrancaron y quemaron en la ocasión que usted les ejecutó con el castigo debe saber el teniente don Guillermo que estaban llenos de idolatría y demás supersticiones. 181 La sugerencia del teniente Limón, fue que dichos indios idolatras fueran llamados a trabajar las tierras del común, como lo marcan las leyes, con la intención de que no tuvieran tanto tiempo de ociosos. Sin embargo, al parecer no todos los indios eran admiti2 en la comunidad, percibiéndose que algunos gentiles tenían la mala costumbre de robar ocasionando mermas a la economía misional. Por otro lado, los padres hacen saber que el gobernador del Bisanig, no es bien visto por algunos indios por la “rectitud y severidad con la que castiga los desórdenes”, asentando que los antiguos gobernadores no los castigaban por ser cómplices, al permitir la ejecución de dichas supersticiones. Sobre la aplicación de los castigos a los indios, los padres en el nuevo método decidieron que se aplicaran de manera “suave” o “benigna”, pero las consecuencias fueron contrarias, en el sentido que “los indios no obedecen a los padres por hacerles falta el castigo” 182 a decir de los padres misioneros. Otra de las costumbres de los indios de la Pimería Alta, que los misioneros mencionan en los documentos como atentados contra las buenas costumbres que ponían en riesgo los avances de la conversión para vivir en sociedad “[…] es echar de sus casas a sus mujeres o el salirse ellas solas a parir en las inclemencias, soledad y desamparo del campo”. En el afán de erradicar dicha costumbres, los padres preocupados por modificar la forma de vida considerada por ellos antisocial, por una más cómoda y acorde a las nuevas leyes, dieron instrucciones precisas al gobernador de la comunidad de erradicar dichas prácticas, siendo los castigos físicos el mejor medio para lograrlo. 183 Como podemos observar, los castigos a los indios habían desaparecido sólo en el discurso de los funcionarios. Los naturales siguieron siendo controlados a base de castigos físicos y de rechazo, no de mano directa del misionero, pero si bajo el brazo ejecutor del propio gobernador indio o del teniente en turno. Es decir, los misioneros sacaban a relucir el amor 181 AFSCQ. Documento 22, legajo 27, Caborca, octubre de 1811. 182 Ibíd. 183 Ibíd.

