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filial y la actitud paternalista sobre los indios, al hacerse partícipes del dolor experimentado por el castigo recibido, al detener o negociar de manera piadosa ante el verdugo la pena dictada por su delito. Es en este sentido, que los castigos continuaron siendo la marca del régimen misional en el noroeste novohispano “que requería del empleo físico y simbólico de la violencia para disciplinar a los indios” 184 sobre todo en la Pimería Alta, que acusaba el arrastre del método de administración antiguo utilizado por los misioneros jesuitas, sobre todo en el contexto de tratar de quitar las prácticas “idolatras” y “malas” costumbres de los indios. Desarrollo económico en las misiones: población y temporalidades. Sobre los resultados de la aplicación del método antiguo en la Pimería Alta, es posible asegurar que existió un tiempo de buenas cosechas comunales, que podemos traducir como bonanza económica, que permitió a los misioneros mostrar sus dotes de buenos administradores, dejando entrever el trabajo obligado de los indios, permitiéndoles fundar, reconstruir y construir templos, casas y muros para defenderse de los apaches, llegando a figurar lo más cercano a una ciudad. En el informe general de 1792 que presenta don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, acerca de los logros obtenidos con la instrumentación del método antiguo de comunidad por los misioneros de la Santa Cruz de Querétaro en las misiones de la Pimería Alta y Baja, se rescata que: Se fundaron las misiones del Pitic a los seris, la del Carrizal a los tiburones y las dos del río Colorado a los Yumas… Se han fabricado desde los cimientos las iglesias de Buenavista y la de Ures, se acabó y techó la de Tónichi, la de Opodepe, la de Cocóspera y la de Calabazas, se renovaron las de Tumacácori, Ati, Oquitoa y Caborca. Se han fabricado de cal y ladrillo de Bóveda las iglesias de San Ignacio, Tubutama y del Pitiqui. En los pueblos de Oquitoa, Ati, Tubutama, Sáric, Cocóspera, Tumacácori y el Bac. Se han hecho casas de adobe para todos los indios y se han amurallado para defenderse de las invasiones y asaltos de los apaches. A solicitud del padre Garcés se fabricó en Tucson pueblo con iglesia, casa para el padre y muralla que lo defiende de sus inhumanos estragos. Por último con el método antiguo se ven las sacristías surtidas de vasos sagrados, ricos ornamentos, imágenes y demás necesarios para la decente administración de los 185 santos sacramentos […]. 184 Almada, “et al”, 243-244. 185 Zúñiga y Ontiveros, 448.
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