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La medicalización de la sexualidad es parte de los dispositivos institucionales que occidente ha creado para construir la verdad sobre el sexo. A diferencia, la sexualidad en las sociedades orientales está basada en el erotismo, donde el placer como práctica y experiencia está en el centro de la actividad sexual. La ausencia de una ars erótica en occidente, dio paso a la construcción de discursos verdaderos sobre el sexo mediante una scientia sexualis en conjunto con la confesión cristiana (Foucault 1998, 35-36, 41). De esta manera, desde el siglo XIX, la medicalización de la sexualidad ha permitido generar nuevas verdades sobre sexo, apoyándose en tecnologías de poder como la confesión cristiana y la ciencia, con la finalidad de controlar, vigilar y normalizar la sexualidad. Sin embargo, aunque la finalidad de los mecanismos del poder consistieron en reprimir la sexualidad a través de los discursos de verdad sobre el sexo, se logró suscitar e incitar la sexualidad, más que reprimirla (Foucault 1998, 90). La sexualidad, es por tanto, la historia de los discursos, de la producción de la verdad del sexo, producción cambiante y abierta a configuraciones constantes. La idea anterior se relaciona con lo que Martínez (2005, 38) define como sexualidad: “proceso continuo en el que los individuos no sólo son depositarios y ejecutores de órdenes y controles sobre la sexualidad, sino que también avizoran mecanismos de resistencia que los lleva a modificar las directrices socialmente impuestas de los roles sexuales”. La modificación de los valores y significados asociados a la sexualidad son resultado de la liberación paulatina de los discursos dominantes tradicionales que hacían referencia a su finalidad reproductiva, que conceptualiza como una nueva forma de sexualidad definida como “sexualidad plástica”. La sexualidad se ha configurado tanto para mujeres como para hombres como algo maleable, abierta a configuraciones de formas diversas; es así “un constructo social, que opera en campos de poder, y no meramente un abanico de impulsos biológicos que se liberan o no se liberan” (Giddens 2000). 42

