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Los adolescentes de este estudio mostraron desconocimiento al preguntárseles sobre el término de derechos sexuales, todos desconocieron la existencia de estos. Posteriormente, se volvió a insistir en el tema para conocer la relación que ellos encontraban entre el ámbito de la sexualidad y el conocimiento y apropiación de sus derechos. La naturalización de la sexualidad como algo inevitable, se encuentra presente en el testimonio de Rosa, al reconocer la sexualidad no como derecho sino como una “necesidad”; Sandra mantiene una visión de los derechos sexuales basada en el momento del coito; Marta al hablar sobre los derechos sexuales, expresa su temor sobre las consecuencias de un embarazo, aludiendo a la responsabilidad de los hombres, y también relacionándolos con la enfermedad. “Entre más tienes vida sexual, más ganas te dan de hacerlo, entonces yo no lo veo como un derecho, para mi es una necesidad” (Rosa) “Pues me imagino que son los derechos que tiene una persona al momento de tener sexo ¿no?” (Sandra) “Por ejemplo, si la muchacha queda embarazada, pues de que el hombre no la deje sola, si tiene una enfermedad que lo diga, o igual que el hombre se cuide y piense, que sea responsable” (Marta) En el tema de la sexualidad y los derechos, los adolescentes tienden a relacionar estos con ciertas obligaciones y cuestiones negativas como la violación, consecuencias del embarazo, etc. Sin embargo, el tema del derecho a placer quedó ausente en sus discursos. Por tanto, se les preguntó a las mujeres acerca de si relacionaban el placer con los derechos sexuales. En este punto, las adolescentes entrevistadas hablan de la importancia que tenía para ellas satisfacer a su pareja y demostrarles afecto. Casandra, Sandra y Emilia, hablan sobre la relación con sus parejas en el ámbito sexual, anteponiendo el placer de la pareja al propio, esto fue lo que expresaron al preguntarles sobre la razón por la que tenían relaciones sexuales y el papel del placer sexual en su relación de pareja: “Pues lo hice por él, se podría decir, o sea, a lo mejor no quería al principio, pero pues se dio, no sentí feo, aunque después lo hice más por él; muchas veces él me preguntaba ¿estás bien? o si quieres ya paro, y yo pues no le decía que no, pues para no hacerlo sentir mal o algo así” (Casandra) 94
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