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En 1911, con la conferencia “Algunas consideraciones acerca de la higiene social en

                  México”, el Dr. Eduardo Liceaga, presidente del Consejo Superior de Salubridad, hace un


                  balance de la situación nacional. Destaca la importancia de la Policía Sanitaria Internacional,

                  la cual se apega a la Convención Sanitaria de Dresde y sigue “los progresos de la ciencia”.


                  El gobierno mexicano se adhirió a las reglas aceptadas en el Congreso de Roma de 1907,

                  para formar una Oficina Internacional de Higiene Pública (con residencia en Paris) destinada


                  a recabar indicadores de salud de los países que contribuyen a su sostenimiento. México,

                  destaca  Liceaga,  está  relacionado,  desde  el  punto  de  vista  de  la  Policía  Sanitaria

                  Internacional, con todas las naciones de Europa, con las de América y con Persia, en Asia, y


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                  Egipto, en África.
                         En  este  balance  de  las  acciones  sanitarias  a  nivel  nacional,  a  veinte  años  de  la


                  promulgación del Código Sanitario, Liceaga ve con satisfacción el crecimiento del personal

                  sanitario, mismo que “ha ido aumentando lenta y progresivamente”, lo cual se refleja en el


                  Consejo Superior de Salubridad, integrado, entre otros, por médicos, un farmacéutico, un

                  veterinario, un ingeniero sanitario, un abogado, un secretario general, personal técnico para


                  los  laboratorios  de  química  y  bacteriología,  así  como  para  el  servicio  de  desinfección,

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                  inoculaciones preventivas de la rabia y la estadística médica.  Esta fortaleza del Consejo que

                  refiere Liceaga, se demostró durante el mencionado combate al brote de peste bubónica en

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                  Mazatlán durante 1902-1903.




                  44  AHSS, fondo Salubridad Pública, sección Congresos y Convenciones, caja 10, expediente 21.
                  45  Ibid.
                  46   Ana  María  Carrillo  (2005,  1095-1098)  clasifica  esta  experiencia  como  “paradigmática  para  campañas
                  sanitarias posteriores”, pues el Consejo Superior de Salubridad, con apoyo de la secretaría de gobernación, de
                  la cual dependía, y del presidente de la república, tomó medidas para hacer desaparecer la epidemia e impedir
                  su propagación por tierra o por mar. Con la campaña contra la peste bubónica, “las autoridades sanitarias
                  mexicanas adquirieron un gran prestigio en las naciones extranjeras, particularmente en Estados Unidos y otras
                  repúblicas de América”.

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