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102 Skinner también hace un análisis contextual en la Europa mediterránea, donde a raíz de la crisis de sus instituciones eclesiásticas provocada por la Reforma, refundan su pensamiento político rescatando las tesis de Tomás de Aquino. En los colegios españoles jesuitas proliferó una serie de autores, de los cuales, dos son los más importantes para Skinner: Luis de Molina (1535-1600) y Francisco Suárez (1548-1617), que influenciados por las enseñanzas que dejó el dominico Francisco de Vitoria (1485-1546), se empeñaron en refutar las tesis de los “herejes” de aquella época (Skinner 1993, 2:144). A estos pensadores, Skinner los nombra como tomistas y contrarreformistas, pero en otras obras encontramos otro tipo de denominaciones como “Escuela de Salamanca” y “segunda escolástica” (Pagden 1990, 80), o como “neoescolástica española” (Breña 2006, 192), y también hay quien los enmarca dentro de una corriente más extensa llamada el “pensamiento clásico español” (Guerra 2000, 169-170). Los “herejes” de quienes básicamente se ocuparon estos pensadores fueron los luteranos; y uno de sus objetivos fue repudiar no sólo su concepto de la Iglesia, sino de toda la visión de la vida política asociada a la Reforma evangélica (Skinner 1993, 2:144). Para estos jesuitas, el significado de la afirmación de Lutero de que el hombre no posee ninguna justicia inherente es “la raíz y base de todas las demás herejías” que ha propagado acerca de los principios de la vida política. Ellos escribieron para socavar esas “herejías” y refundar sus instituciones. Una crítica fundamental fue contra la idea luterana del príncipe cristiano. Otra herejía es la de que las órdenes de un príncipe no cristiano no son obligatorias en conciencia, y nunca se les debe obedecer (Skinner 1993, 2:146).
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